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Fernando Granda

Las colas cambian de sitio

El “vuelva usted mañana” de Larra sigue en vigor

Las colas siguen existiendo. Las nuevas tecnologías y la larga pandemia las han ido modificando, suprimiendo algunas, pero no las han eliminado. Ahora no son presenciales, físicas, ahora son casi todas virtuales. El “vuelva usted mañana” de Larra permanece. En los organismos públicos, en las entidades bancarias, en establecimientos de hostelería, en espectáculos, hasta en Internet se topa uno con cola, una cola nueva pero cola al fin.

“En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados”, señala una voz (popularmente de una “máquina”) de un bucle que repite la misma frase con intervalos musicales hasta que te cansas, desistes o resistes, según la necesidad que tengas o el tiempo de que dispones. Hay algunas excepciones como la que te dice que tu turno será dentro de “siete-minutos-veinte-segundos” y te anima a esperar. Otras, cuando el bucle ha repetido un número determinado de veces que sigas esperando, terminan señalándote que lo “intentes de nuevo dentro de unos minutos” o “en otro momento”. También las hay que te avisan de que “en estos momentos no podemos atenderle. Le rogamos que llame dentro de unos minutos”. Más o menos igual que cuando llegas a un sitio, te encuentras varias personas una tras de otra (ahora con mayor separación) y calculas durante un rato el tiempo que vas a tardar en ser atendido.

Pero hay muchas colas que no te dan esa oportunidad. Son las de solicitud de atención, las de “petición de cita”. Es decir, las que te dicen cuando el organismo, el banco o el establecimiento que sea decide cuándo te atiende, no cuando lo necesites o decidas tú. Por ejemplo, hoy día para hacer una gestión bancaria es necesario solicitar cita previa, ya sea para ingresar un dinero, para sacarlo o para tramitar cualquier gestión. Añades esto a la “obligación” de muchas oficinas a realizar tú mismo el trabajo en un cajero automático como si “estuvieras en plantilla”. Es decir, el banco te hace tu horario vital.

Las colas virtuales han suplantado, repito, suplantado a las físicas y cuando existe un problema con ellas apenas te presentan soluciones para encauzar la situación. Hace unas jornadas en Madrid no funcionaba el sistema de cita previa municipal. Algunas tramitaciones tenían un plazo limitado y debían realizarse antes de una fecha determinada. Para remediar el colapso que se preveía te enviaban a un barrio periférico a realizar el trámite presencial con una cita precisa en el día y en la hora y minutos. Mientras tanto las ventanillas cara al público en algunas delegaciones o distritos estaban prácticamente vacías. Sin cita previa y precisa no funcionan, se quedan sin usuarios. Porque ya no dependemos del organismo público, de la entidad bancaria, del establecimiento que necesitamos, ya dependemos de Internet, de Google, de Bezos... de Zuckerberg y sus colegas.

Aunque permanecen algunas colas (muchas personas no saben adquirir las entradas telemáticamente, otras no quieren pagar un extra por ese trámite que beneficia al expendedor) para ciertos espectáculos, hace años que volvieron las “colas del hambre”. Es más, se incrementan cada día. En muchas poblaciones españolas estas colas van creciendo. Mientras unos pocos son cada vez más ricos, un porcentaje ya de dos guarismos vive en la pobreza oficial (que suele ser más benévola que la real) y no tiene para pagar el alimento, la calefacción, la luz... Y estas colas son presenciales, no son virtuales o telemáticas. No son para trámites o compras. Son la representación real de que siguen existiendo colas en la vida cotidiana de pura necesidad. Muchas asociaciones de vecinos y ONG reparten comida y otras clases de ayuda para desempleados, inmigrantes sin papeles y trabajadores con remuneraciones que, ¡qué cosas!, no alcanzan ni siquiera al controvertido salario mínimo interprofesional (SMI).

En fin, que las colas eran para quienes debían realizar algunos trámites y ahora son de quienes administran la vida de los que están obligados a realizar esos trámites. Han cambiado de administrador, ya la mayoría no son presenciales pero sigue habiendo largas colas. A pesar de que no todo el mundo sabe “navegar” por esos espacios telemáticos.

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