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La Nueva España

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Pilar Garcés

El agujero de un donut

El negacionismo dietético

El premio de estos días atrás a la imagen definitoria del tonto contemporáneo probablemente se la lleve ese cargo del PP que colgó una foto suya rodeado de dulces y bollería industrial, bajo el epígrafe: «Que dice Alberto Garzón que va a prohibir nosequé».

Nosequé no son las chuches y los aperitivos basura, sino la publicidad que de ellos se hace especialmente dirigida a los niños, y tampoco toda, solo la emitida a determinadas horas para proteger a esta población vulnerable. El ocurrente amante de las grasas saturadas es el experto en comunicación online del PP, Ismael Sirio López Martín, quien tiene en su perfil de Twitter una de esas frases lapidarias que deben hacernos reflexionar: «Gratis significa que otro lo paga». Lo podrían suscribir desde el comisario Villarejo hasta los magistrados que le han vuelto a calzar la enésima condena a Jaume Matas por corrupto. Lo podrían imprimir en el felpudo de la nueva sede de su partido, si es que llega a haber mudanza desde Génova, que lo dudo. Les enseñé la foto del augur de Pablo Casado, forofo declarado de Cuarto Milenio, a mis hijos y se quedaron escandalizados. «¿Le dejan comerse eso sus padres?», preguntó uno. «Igual no sabe que los hacen con aceite de palma, que mata los bosques de los orangutanes», anotó la otra. Hay que ver con los señores de derechas que asustan a los niños. Les tranquilicé. El hombre de la foto, pese a no tener un aspecto especialmente saludable, solo está fingiendo que se harta a porquerías porque defiende la libertad de comer porquerías solo si es la ajena, y básicamente la de los pobres. Seguro que después de hacerse la foto lanzó todos esos productos al contenedor amarillo y se fue a un buen restaurante y se pidió un rodaballo. O un chuletón como el que asaba sin fuego su jefe cuando el ministro de Consumo, que habla lo que calla la de Sanidad, se refirió a la necesidad de reducir la ingesta de carne roja por pura salud. Roja y barata, añado yo. Los chuletones suelen llevar incorporado el efecto disuasorio en el precio.

Negacionismo dietético. Deduzco que ni el asesor rodeado de chocolatinas ni los altos cargos del PP que se lanzaron a degüello a defender los agujeros del donut habitan mi mismo planeta. Un planeta en el que los dentistas, las pediatras y las enfermeras infantiles insisten hasta la saciedad en los peligros de abusar de una serie de productos superprocesados que con sus envoltorios brillantes, sus precios bajos y sus sabores golosos atrapan a los menores. Un planeta en el que las escuelas luchan a diario por que los alumnos coman fruta y no la sustituyan por el zumo rebosante de azúcar y colorantes que sostenía en su mano el experto tuitero. Un planeta en el que las familias recurren a nutricionistas para que les ayuden a confeccionar menús saludables en los comedores escolares, con el gasto extra que esto conlleva, y se esfuerzan en hacer fiambreras con productos sanos y de temporada para sus hijos. Un planeta que entiende que el peligro cierto de la obesidad infantil pesa más que el derecho de los anunciantes a captar a un público que no puede distinguir lo bueno de lo malo. Llevamos muchos años esforzándonos para enseñar a los críos que la comida sana y deliciosa no lleva cromos ni regala pegatinas, y resulta una tarea ardua, cualquier ayuda es buena. No sé qué rédito va a sacar la oposición mayoritaria de ridiculizar acciones de gobierno sensatas. Debería elegir mejor sus batallas y no dejar los temas importantes en manos de propagandistas superficiales.

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