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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

Andar sin esfuerzo

Se oye hablar de cultura del esfuerzo, pero el ideal del mundo en el que dicen que estamos metidos se representa en todo su esplendor en las vacaciones de los herederos de los milmillonarios, en los pisos céntricos de los vástagos de las familias reales extensas, en las fiestas de los hijos de los oligarcas latinoamericanos y en los yates de los retoños de los mafiosos rusos que se lavan las manos con agua de iceberg.

Su juventud es la que mejor luce al volante de bruñidos descapotables, a juego con las gafas de sol. Los sofás de esos dúplex máximos y minimalistas piden piel joven que va con todo, cae bien en cualquier postura y conoce todas las destrezas de las grandes fiestas. Excepcionalmente, las estrellas del deporte más popular y de la música más consumida se cruzan en ese mundo de lujo y juventud, pero se distingue a unos de otros.

Es una coincidencia excepcional la de la fortuna material inalcanzable y el tesoro inverso de la juventud, un botín de poca experiencia y mucha expectativa, pero cada vez se da más porque la desigualdad da más ricos bastos cuyos hijos se van a vivir independientes a las joyas del mercado inmobiliario.

Todo eso lo sabemos por los portales y revistas de la vanidad que nos hablan de su paso por las mejores universidades sin que sepamos si se les atasca la Economía de tercero o si el catedrático de Física es un hueso porque en esos castillos y campus la única dificultad a la que parecen enfrentarse es a la de ser fotografiados y difundidos con alguna copa de más o alguna prenda de menos en una celebración fraternal.

Hay una manera de andar por la pasarela de la vida que no se puede alcanzar de otra forma porque exige la firmeza de ese paso juvenil y algo que se aprende en casa (quizá la indiferencia a monetizar la pobreza de los demás) que da alegría risueña y quita complejos. Ese andar no lo tiene cualquiera, por eso sus novias modelos parecen que van a caerse de los tacones mientras que las herederas no caen del caballo ni en los concursos de hípica que frecuentan.

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