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Juan Soto Ivars

Paul Verhoeven es mi padre

Contra las propuestas maniqueas que espurrea Hollywood sin parar

Paul Verhoeven filmó en 1997 la que yo creo que es la película más irónica de la historia del cine: “Las brigadas del espacio”. Disfrazada de panfleto militarista y fascistoide, trampa en la que cayó la mayor parte de los críticos, es en realidad una sátira disfrazada de película de acción cuyo fondo y forma están diseñados a conciencia para engañar a espectadores poco atentos, es decir, a la mayor parte de ellos. Filmada con el formato de un panfleto militar, cargada de acción trepidante y con unos personajes que no se cuestionan en ningún momento la sociedad en la que viven, es la crítica más mordaz al militarismo porque finge ser todo lo contrario. Algo que no hace, por cierto, la novela de Robert Heinlein en la que está basada.

La película nos sitúa en un futuro lejano, más utópico que distópico, en el que la tierra entera vive en paz y armonía, con igualdad de sexos y razas, y cuidando el medio ambiente. Pero esta Arcadia se sostiene sobre la jerarquía inflexible de la federación gobernante, que somete a la gente a una propaganda constante, y la estructura social es un sistema de castas en que el servicio militar otorga la ciudadanía, es un decir, derechos tan básicos como la educación superior o la gestación dependen de un servicio militar voluntario. ¿Para qué necesita ejército esta sociedad? Para enfrentarse a la amenaza extraterrestre: una plaga bíblica de arácnidos que trata de conquistar el universo.

Bajo esta premisa simple, Verhoeven esconde uno de los mensajes más endiabladamente disfrazados de la historia del cine. Todo en la película hace pensar en la idealización de lo que es demonizado. Los personajes no se cuestionan el mundo en el que viven, y el director omite cualquier enfoque moralista. Como dice Smokerwolf en su crítica, conocemos la historia de un totalitarismo por parte de sus entusiastas participantes. Es el espectador quien debe sacar sus propias conclusiones. Y si no lo hace, es problema suyo.

¿Por qué estoy escribiendo ahora de una película de 1997? Porque estoy asqueado de las propuestas maniqueas que espurrea Hollywood sin parar. Harto de películas que necesitan masticado el mensaje y la diferencia entre el bien y el mal. Paul Verhoeven es un rebelde.

Pagó el precio de ser despreciado porque nos trató como a adultos. Y lo sigue haciendo.

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