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Nicole Holzenthal

El Rally llega, la fibra no

Malos desarrollos para la zona rural asturiana

8:37, debería ponerme con mi artículo académico. No, espere. Debería hacerle unos recados a mi suegra, en silla de ruedas, e ir la manifestación contra la “cooficialidad del asturiano” (de algo que en mi país, Alemania, no sería ni un dialecto). No. Salir no puedo. No me dejan salir de mi casa. Está prohibido. Otra vez. Esta vez no por la pandemia. No puedo ir por la carretera –en realidad, más bien un camino, un carril para ambas direcciones–. Normalmente hay que ir a 40 km/h máximo. Hoy está prohibido por las autoridades por un peligro que ellos permitieron.

Les doy el desayuno a los niños y les digo que no salgan a la carretera, que tampoco salga la perra. Puede morir ella y acaso alguna persona. También se podría estrellar alguien contra la casa y luego derrumbarse la misma. Total. De mi despacho saqué lo más importante, por si acaso. Portátil, archivadores... No me pongo ahí ahora, ni loca. Estaría casi encima de los coches que corren a una velocidad de vértigo. Todo retumba. La casa tiene más de 120 años. En 1900 aquí no había asfalto, no había coches, no había rallies.

Se apuesta por un desarrollo rural equivocado. En las aldeas asturianas se podría dejar convivir profesionales liberales con los ganaderos y agricultores. Bastantes estamos dispuestos a residir en zonas rurales de Asturias y trabajar primordialmente online desde ahí sin grandes desplazamientos –o sea, “sosteniblemente”–. Pero no. El habitante rural paga muchísimo más por un internet infinitamente más lento que los urbanos. No llega la fibra “por los pelos” (increíblemente la pusieron a la mitad del pueblo), a pesar de las subvenciones europeas cobradas. Y, contra toda lógica, se apuesta por una extraña degradación del área rural.

He aquí que, sin avisar directamente a la población afectada (menos mal que funciona el “boca a boca”), se permite que un sábado se “celebre” una carrera de coches por caminos extremadamente estrechos, con curvas de muy poca visibilidad. A los aldeanos se nos molesta con un ruido tremendo y vibraciones fuertes, problema nada subestimable, ya que en la ruta hay varias casas centenarias pegadas al camino. Casas cuyos habitantes y enseres corren un peligro innecesario. Y hartos estamos algunos de que otra vez se nos prohíba salir de casa... aparte de la duda de si dentro se está mucho más seguro. Hartos de que nos recorten los derechos de cualquier residente o ciudadano a decidir por dónde andamos, si dentro de su casa o fuera, andando por la carretera cuyo mantenimiento se paga con sus impuestos.

Al final, terminado el rally, las casas siguen intactas y el oso de peluche sigue sentado en su silla manifestando su desacuerdo con el rally. Menos mal: alguien nos defiende. Aliviada, paso de poner en escena un performance gore, con sangre artificial de Halloween, que se me había ocurrido cuando tanto temblaba el suelo. Pero creo que el agudo lector ya se ha percatado de que, en vez de permitir rallies por esos caminos, estaría bien que algunos cumpliesen su palabra y se nos termine de poner la fibra donde se prometió y (eso es otra) que se comercialice su uso. Esto sería un buen plan para las zonas rurales. Ya puedo escribir el otro artículo...

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