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Martín Caicoya

Cáncer de estómago

Dieta, tabaco, alcohol y obesidad facilitan este tipo de tumor

Solo las plantas son capaces de alimentarse directamente de la atmósfera y de la tierra. Toman el CO2 del aire y con la ayuda del sol y la clorofila lo trasforma en glucosa. De la tierra, con la ayuda de las bacterias, toman el nitrógeno para construir proteínas. Nosotros, como el resto de los animales, no lo sabemos hacer. Tenemos que alimentamos de los otros seres vivos que en su cuerpo albergan los nutrientes, azucares, grasa, proteínas. Se encuentran en condiciones imposibles para el metabolismo. Hay que digerirlos. Empieza en la boca, con la saliva. No en los peces, que esa cavidad es común a las fosas nasales. Cuando colonizamos la tierra, la respiración obligó a crear el paladar para separar la boca y las fosas nasales. Es curioso que el gusto está en la lengua mientras el disfrute de los alimentos es fundamentalmente olfativo. Cuando se dice de una persona que tiene buen paladar se acierta: al aplastar los alimentos con la lengua, la inundamos de los cuatro sabores, ácido, salado, dulce y amargo, y de una sensación, umami. Pero lo más importante es que enviamos, a través de las coanas, los aromas a las fosas nasales.

Desde la boca a la faringe, que comparte vía con la respiratoria. Es un órgano pasivo en el aspecto digestivo. Los humanos hemos sacrificado la seguridad por la comunicación: para articular palabras ascendió la laringe de manera que ahora no es difícil que los alimentos vayan por ese conducto en vez de por el esófago, el siguiente paso antes de llegar al estómago. Si ocurre, y no logramos expulsarlos, puede ocurrir una pulmonía por broncoaspiración: muy peligrosa.

En el estómago el tubo digestivo se ensancha para realizar el principal trabajo digestivo. Es un órgano que tiene como singularidad que vive con mucha la acidez, un medio hostil. Por eso, y más razones, enferma con mucha facilidad. La mayoría de los casos son lo que se denomina dispepsia, un trastorno funcional ya que el estómago es normal. Los tratamientos son sintomáticos. Más serio es la gastritis, ahí sí vemos alteraciones patológicas. Cuando el daño de la mucosa es severo se produce la úlcera. Durante muchos años se pensaba que tenía que ver con la dieta, con la hiperacidez, con el estrés e incluso con la personalidad. Quizá contribuyan, pero la causa más real es una bacteria.

La historia de su descubrimiento es muy interesante. Una pista de que podía depender de un agente biológico la daba su estacionalidad: primavera y otoño. Como si fuera un ciclo vital. Pero costaba pensar que en un medio tan acido viviera una bacteria. Aunque se había visto algo que lo parecía, como no se lograba cultivar, se consideraban artefactos. Hasta que el patólogo australiano Warren, intrigado por los hallazgos en los estómagos que examinaba, convenció al residente Marshall para que investigara. Como en intentos anteriores, no lograban cultivar la supuesta bacteria hasta que por un descuido dejaron los cultivos más tiempo del previsto: creció. La llamaron campilobacter pylori por su parecido al campilobacter jejuni. Quedaba demostrar que era la causa y no la consecuencia de un medio alterado por la gastritis o la úlcera. Marshall no dudó en beberse la pócima. Infectado desarrollo la enfermedad como se comprobó con biopsias. Recuerdo que por una casualidad leí el artículo dónde explicaban sus hallazgos y lo creí. Era la época en la que con omeprazol se controlaba bastante bien la ulcera y la ortodoxia no aceptaba aún esa teoría. Traté varios casos recalcitrantes con antibióticos y resultó un éxito. Lo que no me podía imaginar entonces es que también estuviera implicada en el cáncer de estómago. Es un cáncer de países pobres, o que lo fueron no hace mucho. Había varias hipótesis, la más celebrada acusaba a los nitritos y nitratos de la dieta que en el estómago forman nitrosamidas y nitrosaminas. Por eso, se decía, hay tanto en los lugares que se consume mucho embutido. Otros conservantes, como la sal, también se suponía implicados. En Japón, donde había mucho cáncer de estómago, se describió por primera vez que los frigoríficos se asociaban negativamente a ese cáncer. Como precursores se mencionaban la gastritis atrófica y la úlcera de cuerpo del estómago. Hoy se atribuye a h. pylori casi el 90% de los cánceres. La epidemiología de h. pylori es confusa. Parece que se trasmite por la saliva, en menor medida por las heces. Que se asocie a pobres condiciones higiénicas quizá tenga que ver con el hacinamiento. El papel de los frigoríficos pudiera ser indicador de mejora de las condiciones de vida, aunque más probable es que tenga que ver con otras formas de conservar los alimentos que no sea nitritos o sal y/o la disponibilidad de vegetales y frutas en buenas condiciones. Mientras el cáncer del cuerpo y antro del estómago disminuye en los países ricos, aumenta otro, más raro, que se asienta donde se une al esófago. Quizá tenga que ver con reflujo gastroesofágico. La dieta, el tabaco, el alcohol y la obesidad lo facilitan.

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