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Antonio Trevín

Vuelta la burra al trigo

Los vaivenes electorales de la izquierda radical y sus resultados

¡“Y parecía que nos iban a votar”!, dicen que exclamó Carrillo la noche electoral del 15 de junio de 1977, tras el recuento.

La tenaz y heroica oposición comunista durante la dictadura franquista, las multitudes que acudieron a los mítines del PCE a lo largo de aquella campaña o el interés mediático y social que suscitaron él mismo o Dolores Ibarruri, La Pasionaria, explicaban su sorpresa. Pero sus veinte diputados solo los superó, por la mínima, Anguita veinte años después. Y no con el PCE, sino con Izquierda Unida, marca que pretendía aglutinar a todo lo que se moviera a la izquierda del PSOE.

Sin embargo, las siguientes generaciones de izquierdistas radicales a Santiago más que tratarlo lo maltrataron. Casi tanto como los nostálgicos franquistas que pintaban: “Muerte al cerdo de Carrillo” -–algunos otros completaron aquellas pintadas, advirtiéndole: “Cuidado Carrillo, los fachas quieren matarte el cerdo”–.

Entre ambos líderes estuvo Gerardo Iglesias, quien aglutinó electoralmente partidos a la izquierda del PSOE. Como a Santiago, sus correligionarios lo arrumbaron ignominiosamente cuando dejó la dirección. Anguita se convirtió en el referente histórico frente a ambos para la izquierda radical española. A pesar de su vergonzoso acuerdo con Aznar, que aumentó notoriamente el poder municipal y autonómico de la derecha española en 1995, en corporaciones y parlamentos con mayoría absoluta de IU y PSOE, como en Asturias. Poco antes de aquellas elecciones tuve ocasión de comer con Carrillo. Le pregunté por Julio Anguita y su respuesta fue tan breve como tajante: “Es un falangista infiltrado en el PCE”. Santiago era “genio y figura, …”. Efectivamente, hasta donde se imaginan.

En las elecciones de diciembre de 2015 esta izquierda radical alcanzó su máxima representación. Podemos logró 69 diputados en el Congreso. Para ello escondieron siglas –en las papeletas pusieron la cara de Pablo Iglesias–, ideología –decían no ser de izquierdas, sino de los de abajo– y la intención de cargarse a Izquierda Unida.

Hoy Iglesias se ha cortado la coleta, reclaman el izquierdismo en exclusiva y tienen nuevas siglas: Unidas Podemos. En el camino perdieron la mitad de sus diputados y consolidaron a la derecha madrileña autonómica (sus líderes boicotearon la candidatura de Luis García Montero que IU presentó a dicha asamblea en 2015, lo que le impidió, por ocho décimas, tener representación y posibilitar un gobierno de Gabilondo). Su hoja de ruta, ahora, pasa por el refranero español: ”Vuelta la burra al trigo”. Tratan de reinventar Izquierda Unida. Unos como movimiento amplio, otros como coalición, algunas desterrando egos. El común denominador: ¡Yolanda Presidenta!.

Hay quien asegura haber oído, a uno de sus seguidores, gritarle como en “La vida de Brian”: ¡¡Yo digo que eres el Mesías. Y de eso entiendo porque he seguido a varios!!

Yo, sin embargo, me inclino más por la reflexión de Chesterton, “a menudo tengo la convicción de que no es que no sepan ver la solución, es que no saben ver el problema”.

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