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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

Carrera hacia la luz

Parecería que, de la misma manera que el sol se pone para todos, la preocupación por el precio de la luz sube para todos. Pues no. Preocuparse del precio de la luz es más español que europeo y más del Gobierno central y del ciudadano. Cuando eres alcalde, el precio de la luz no va contigo y cuando se acerca la Navidad –cada vez antes– te la refanfinfla.

El ejemplo más resplandeciente ha convertido Vigo en el anti-Gotham, porque el Luminoso Abel se contrapone al Caballero Oscuro. En mayo, Málaga sacaba a la luz una acusación de plagio a Abel Caballero en su iluminación navideña. Alfredo Canteli, el alcalde de Oviedo, siendo del PP, sigue esa línea socialuminiscente y, como ambos, muchos más de España.

Mientras Austria aporta a Europa el miedo al apagón invernal, España es la alegría del encendido navideño. “La Navidad del mundo empieza en Vigo”, dijo el alcalde de los 11 millones de luces led y bromeó que en la Estación Espacial se han puesto las gafas de sol. En la oposición, Caballero diría que la ciudad se ha convertido en el váter mundial de la contaminación lumínica porque estas proezas ponen en más de un mapa. El presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, afeó el dispendio y que no se hiciera en la comunidad, porque las bombillas se compran en Puente Genil. Como en “Annie Hall”, una anciana se queja de que en el balneario la comida es mala, y otra, que además las raciones son pequeñas.

No hay riesgo de que estallen las bombillas de la prosperidad led, sino una carrera la Navidad más deslumbrante que recuerda la competición de fiestas de cumpleaños de los patrones del narcotráfico. Se les ha encendido la bombilla del razonamiento brillante por el que, como las lámparas led consumen poco cuantas más enciendes, más ahorras.

Es estupendo el espíritu social (en el sentido de social-recreativo) de los alcaldes rutilantes que derrochan en la luz de lo que quieren que se vea y oscurecen las zonas en las que no gastan, donde la sociedad está más apagada y fría porque no puede pagar el recibo.

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