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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Barbón y Revilla, a capela

Resulta enternecedora la fotografía en la que el tenor Barbón, émulo de Pavarotti, entona a capela el himno de Asturias acompañado por el contrabajo de Miguel Ángel Revilla, más tieso en el ademán que una anchoa de Santoña en salmuera. Los presidentes vecinos, que son como hermanos –no pasa igual con Feijóo, que como buen gallego los prefiere primos–, fueron de la mano a la cumbre autonómica de Santiago, con parada en Cudillero, y de la ciudad del apóstol regresaron juntos, para echarse un cantarín en Argüeso, al ritmo de panderetas. Ya están para hacer los coros en el próximo concierto de Nando Agüeros. Es escuchar al dúo y querer saltar uno de la rama de un roble.

A Revilla le gusta dar el cante. De hecho, sale mucho en televisión y casi siempre repite la misma cantinela. Uno se pregunta cuándo gobierna este singular personaje, si se pasa los días de plató en plató, bendiciendo el plato típico regional y soltando chascarrillos de abuelo Cebolleta. Coincide Barbón con su homólogo cántabro en que ambas regiones no son parques temáticos, aunque lo parecen. Asturias y Cantabria van camino de convertirse en un Jurasic Park, no solo por las huellas costeras de dinosaurio, sino más bien por el tamaño del geriátrico.

Barbón y Revilla conforman la extraña pareja. Por tamaño y peso, y a cuenta del humor de sus actuaciones, podrían pasar por Oliver Hardy y Stan Laurel; o por Tip y Coll. Ideológicamente no cabrían en el estuche de Marx y Engels, pero en cuanto a agentes de la salvaguardia de sus respectivos territorios, podrían resolver las cuitas de financiación autonómica a tiros, como Starsky y Hutch. Aunque para sus respectivas oposiciones políticas, gobiernan al estilo de Pepe Gotera y Otilio.

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