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José Antonio Díaz Lago

Mujeres, café y clima

El farragoso título en el BOE de una iniciativa de cooperación internacional

No, el título de este artículo no está entresacado de un anuncio del brandy Soberano, de los que se emitían el siglo pasado. Tampoco procede de una campaña publicitaria del Ministerio de Información y Turismo, de cuando Fraga Iribarne era el titular y se bañaba con el embajador de Estados Unidos en la playa de Palomares (otra época, otros estilos) para demostrar que no había riesgo de contaminación por un choque de nada de dos aviones con carga nuclear. El título que encabeza se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado viernes 3 de diciembre del presente año de gloria, con esta denominación completa: “Mujeres, café y clima, empoderamiento femenino para la resiliencia socioecológica de la cadena de valor del café frente al cambio climático en Etiopía”. Tal cual.

Mujeres, café y clima

Se trata de un convenio impulsado por la Agencia Española para la Cooperación Internacional al Desarrollo, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Al parecer el convenio cuenta con la financiación mayoritaria de la Unión Europea y su coste se estima en casi un millón doscientos mil euros, de los que la Comisión Europea advierte que pondrá como máximo un millón, dependiendo de unos criterios que se fijan en un anexo que no se publica, aunque se puede consultar en la página de la Agencia citada, eso sí, indagando mucho. Tampoco se nos describe con el mínimo detalle la “acción” (así se denomina) que se pretende emprender porque se remite a otro anexo, el cual se nos dice que contiene “el marco lógico de la acción a desarrollar”; se ve que alguien pensó que este título igual chocaba y era necesario aclarar que la cosa tiene una lógica, no vayan ustedes a pensar.

Con estos mimbres, lo fácil es hacer chascarrillos y esto ya circula por las redes con los comentarios variados que se pueden figurar. Vale, aceptemos que la cooperación internacional es necesaria y que no conviene hacer demagogia cayendo en planteamientos que rayarían en la autarquía, cuando no en el ensimismamiento del mundo occidental más desarrollado económicamente. Aceptemos, además que el desarrollo de los países llamados del tercer mundo nos interesa, aunque solo sea por razones egoístas para preservar las migraciones masivas, y porque el enriquecimiento global, la mayor difusión del comercio y los intercambios internacionales es lo que se ha demostrado más adecuado desde la época de los fenicios para el desarrollo conjunto de las sociedades. Aceptemos, por último, que la igualdad de géneros y el empoderamiento de las mujeres es una política auspiciada desde múltiples organismos internacionales, aunque cabe pensar que no tendrá los mismos retos en Burundi que en Dinamarca.

Lo que llama la atención es que la denominación del convenio a suscribir no permite entender claramente de que se trata, como sería lo lógico, e incluso lo preceptivo en el ámbito administrativo (Resolución de 28 de julio de 2005 de directrices de técnica normativa, que podría tomarse como referencia), propiciando hacer conjeturas varias, pero sin reflejar con exactitud y precisión la materia objeto del convenio, que es el propósito esencial por el que se pone una denominación. Así, lo de la cadena de valor les sonará muy bien a los directores financieros, pero no está nada claro lo que significa en la descripción del convenio y muchas personas no sabrían explicar en qué consiste. Luego está lo de la resiliencia socioecológica que, así al pronto, es de esas cosas que te da como apuro preguntar qué significa para no quedar de ignorante, de modo que todo el mundo pone cara como de que lo comprende, aunque como le toque explicarlo igual queda poco lucido. Lo del empoderamiento femenino se entiende como idea genérica, aunque la relación con el café, el clima, la resiliencia, la cadena de valor y el cambio climático parece un batiburrillo confuso. Vamos, que con esa denominación adivinar de qué va el contenido cuesta.

Investigando podemos averiguar que hay un problema de tierras de cultivo de café en Etiopía, agravado tanto por el cambio climático como por las costumbres sociales y, entre ellas, la discriminación sufrida por el género femenino. En este contexto, resulta perfectamente plausible la intervención de una agencia de desarrollo y cooperación, que puede contribuir a paliar el problema desde el punto de vista técnico y a concienciar a la sociedad etíope de la conveniencia de alterar posturas tradicionales, en un territorio, además, devastado por conflictos bélicos y donde muchas personas, especialmente mujeres, están en el desamparo. No obstante, ello no es óbice para intentar buscar una denominación inteligible y comprensiva de esta realidad, incluso más breve que la expuesta.

Sin embargo, sospecho que no es un problema de redacción, sino de querer poner el énfasis en aspectos no tanto ligados a políticas de desarrollo y cooperación de los que es tan dependiente Etiopía (que es de lo que se trata y la función esencial del trabajo de las agencias de desarrollo y cooperación internacional), como de dar relevancia a políticas de género instadas desde nuestra altivez occidental: de ahí lo del empoderamiento. Con todo, y aun manteniendo esa idea, la redacción podría haber sido bastante más concreta y expresiva de lo que se quiere hacer. Pero ¿empoderamiento de la mujer en Etiopía con un tercio de la población musulmana y más de la mitad de las mujeres sin alfabetizar? ¿Qué tal si hablamos simplemente de alfabetización, apoyos para el cultivo de la tierra y lucha contra la sequía, igualdad de derechos y no discriminación efectiva entre hombres y mujeres para empezar? Claro que eso requeriría una denominación del convenio menos ampulosa (aunque más clara) y recordar que para llegar al empoderamiento de las mujeres en Etiopía es necesario recorrer primero algunos caminos, aunque se haga muy rápido. Probablemente otra redacción, que todo el mundo entendiera a la primera sería la adecuada, aunque se saliera de los clichés de nuestro etnocentrismo occidental, que en otros lares debe sonar a lujo asiático… o africano.

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