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Hanna Stefaniak

Los Borgia en la ópera y en el Camino

Un periodo histórico apasionante que invita a reflexionar

En estos días se ha representado en Oviedo la ópera de Gaetano Donizetti “Lucrecia Borgia”, cuyo argumento es el más horripilante en toda la historia del repertorio operístico, y la controvertida puesta en escena lo ha hecho aún más “inolvidable”.

¿Quiénes fueron los Borja, en Italia conocidos como Borgia? Los Borja fueron una familia noble española del siglo XV oriunda de Játiva, cuyo mayor representante fue Rodrigo de Borja, sobrino del obispo de Valencia Alfonso de Borja, que llegaría al papado con el nombre de Clemente III. Rodrigo pasó su vida en Roma y también fue elegido papa, con el nombre de Alejandro VI. Su papado duró once años, 1492-1503. Fue él quien al terminar la Reconquista concedió a los reyes españoles, Isabel y Fernando, el título de los Reyes Católicos, además del título de Rey de Jerusalén, que ya ostentaba Fernando de Aragón.

De los cuatro hijos naturales de Rodrigo Borja, nacidos antes de ser elegido papa, los que alcanzaron mayor fama fueron Lucrecia y César. Eran tiempos de intrigas, guerras entre las familias poderosas, que se atrincheraban en sus palacios–fortalezas con torres defensivas (por ejemplo, San Gimiliano en Italia), venganzas atroces, como relata Shakespeare en su “Romeo y Julieta”, de venenos y antídotos. Historias similares a la vida de Lucrecia. Pero en el caso de Lucrecia se trataba de la hija de un papa, extranjero y ambicioso, con el que llegaron a Roma numerosos españoles, en busca de influencias y favores. Por ello el libretto de la ópera incluye insultos a los “castellanos”, por entonces mal vistos en cuanto ser partidarios del papa y de su familia. Lucrecia pasó a la historia por su belleza y su participación en supuestos crímenes, si bien protegió las artes y las letras. Realmente pudo ser utilizada como un instrumento, en manos de los poderosos, para conseguir sus ambiciones políticas y con esos fines fue destinada a contraer matrimonio cuatro veces.

Cesar Borgia en Viana (Navarra)

Cesar Borgia (1475-1507) era hermano de la famosa Lucrecia. Para asegurar su futuro, el padre, Alejandro VI, lo destinó al sacerdocio y lo puso en una vía vertiginosa de ascensos. Puede ser que incluso soñaba con fundar una dinastía papal de la familia Borja. Así, a los diecisiete años César fue nombrado obispo de Pamplona, a los diecinueve el arzobispo de Valencia, con menos de veinte años cardenal y capitán general del Vaticano y a los veintitrés recibió el título de Príncipe de Francia. Pero todo fue en vano, cuando el hijo decide “ser fiel a sí mismo”, abandona la carrera eclesiástica y emprende la carrera militar. Fue cruel y ambicioso y sus aventuras terminaron en una emboscada que le habían preparado cerca de Viana, en 1507. Fue el final de la intensa vida de aventurero del joven Cesar.

En el Camino de Santiago se encuentran varios panteones reales: Nájera, León, Oviedo, Santiago de Compostela, sepulcros de importantes reyes como el de Alfonso VI en Sahagún y de infantes, como Felipe de Castilla en Villalcázar de Sirga, así como de santos famosos, Santo Domingo de la Calzada en La Rioja, San Lesmes en Burgos, San Isidoro en León y San Facundo en Sahagún. Pero hay un lugar que suele pasar inadvertido por ser poco conocido, y es incluso pisoteado, ya que con esta idea fue colocado en plena calle para subrayar su infamia.

El peregrino al pasar por el pueblo de Viana, suele detenerse en la Rúa Mayor para refrescarse y descansar. Allí se encuentra una placa de mármol blanco en la acera, al pie de las escaleras que conducen al portal renacentista de la Iglesia de Santa María: se trata de la tumba de Cesar Borgia.

La tumba de uno de los famosos Borgia fue colocada por orden del obispo de Calahorra en el medio de la calle, como castigo: “Para que en pago de sus culpas lo pisotearan los hombres y las bestias”, como reza la inscripción en la acera.

Así terminó la historia de la vida de otro joven e infame Borgia. Ambos hermanos fueron víctimas de la vida, de las circunstancias históricas e intrigas en unos tiempos muy crueles.

El Camino Jacobeo y la ópera brindan a los peregrinos y a los espectadores una oportunidad para reflexionar sobre las consecuencias del exceso de ambición y oportunismo, siempre presentes en todos los tiempos.

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