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Carmen Martínez Fortún

Otra vez

El uso del Falcon oficial por Pedro Sánchez

La verdad es que la vida española es un bucle, las situaciones se repiten y, ante nuestros ojos estupefactos, la actitud poco ejemplar de quien debía serlo persiste con total impunidad.

Por ejemplo, Tezanos vuelve a hacerlo y, pese a las repetidas veces que la realidad electoral le ha desmentido –la última y más escandalosa la victoria de Ayuso en Madrid, donde para justificar su fiasco solo se le ocurrió argumentar que él no era un adivino mientras se aferraba al cargo para seguir creando opinión–, se obstina en que el PSOE sigue manteniendo una diferencia que solo el CIS contempla. Por lo menos ahora su predicción no ha venido acompañada de artículo sectario insultando al pueblo de Madrid, que de eso ya se encarga Rufián, que considera trágico no que Ayuso gane allí, sino que lo haga “abriendo bares y cerrando hospitales”, pues al parecer en su catalana consideración la mayoría de los madrileños son borrachines y suicidas. Seguramente por eso la Generalitat quiere obligar al resto de España a adoptar sus políticas restrictivas, ellos que lo han hecho tan bien que, esta semana no más, llenaban las calles con una nueva manifestación segregacionista y odiadora. Para Rufián la democracia está muy bien, siempre que se vote lo que a él le gusta. Si no, la democracia es una cosa trágica.

Otra vez Pedro Sánchez ha cogido el Falcon para un acto privado, tanto como que Díaz vaya a ver al Papa, aunque al menos ella no realizó ninguna declaración institucional luego para explicar que habían hablado de sus cositas en total sintonía. Él sí abusó de su cargo presidencial para justificar su viajecito y convocar a los periodistas solo para anunciarles la nada sobre la pandemia y que convocaría pronto a los presidentes. La verdad es que ese uso de los recursos del Estado como si fueran su finca privada es uno de los detalles más horteras, inelegantes y de nuevo rico abusón que puede existir. Al principio de su mandato, este exceso provocó escándalos que él siempre se puso por montera. Ahora lo seguimos considerando execrable pero ha pasado tantas veces que ya no pasa nada.

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