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Félix Fernández

Félix Fernández

Profesor de Lengua Española en la Universidad de Oviedo

Receta para amasar 300 firmas

Sobre el manifiesto por la oficialidad de “Iniciativa pol Asturianu”

Debo felicitar a “Iniciativa pol Asturianu” por el golpe de efecto que ha conseguido recientemente: un manifiesto por la oficialidad con 300 firmas de todo el mundo. Sea quien sea el artífice, tiene ganado el puesto vitalicio de Ministro-Consejero de Propaganda, en esa hermosa y renacida sociedad que sueñan los oficialistas. Algo así no se improvisa, esto es un recurso poderoso que necesita meses de cocción, y supongo que lo tendrían guardado para un momento desesperado como el presente, cuando el espejismo de esa conjunción astral que les prometía el transfuguismo programático de Foro empieza a desvanecerse.

Supongo que pensaréis que tras un logro así el debate está acabado. Pero no. Reconozco que lo habéis hecho muy bien, pero seguís pretendiendo que los asturianos nos traguemos una rueda de molino que ni a trozos nos entra, por muchas firmas que la respalden.

Vamos primero con los cuatro puntos del manifiesto. Primero: que todas las lenguas son una riqueza cultural, etc. Sí, pero es que el asturiano no es una lengua. Nunca llegó a serlo, qué se le va a hacer. Como tantos otros dialectos de la historia, no culminó el recorrido necesario. El gallego, el castellano y el catalán sí lo hicieron, el asturleonés y el aragonés no. Y si hubiera llegado a serlo no estaríamos ni debatiendo esto hoy en día, ni vosotros estaríais exigiendo a las leyes, la escuela y la administración pública que fuercen un imposible.

Segundo, lo de la Constitución. Estáis entusiasmados con la respetabilidad que os da evocarla. Pero esa protección que mencionáis no se pensó para futuribles como vuestro proyecto, fruto de un puro voluntarismo sin base social.

Tercero, la Unesco. Eso también suena muy bien, pero no funciona. Decidme dónde defiende la Unesco el asturiano de la Academia de la Llingua Asturiana (ALLA) cuando habla del patrimonio inmaterial de la humanidad. Más que defenderlo, se horrorizaría.

Cuarto, los derechos. Ya estamos con lo de siempre. Nadie protesta por los muchos derechos que ya tenéis. El rechazo que encontráis se debe a la carga de deberes que el ejercicio de vuestros derechos impondría a toda la sociedad.

Queda algo pendiente, lo reconozco: 300 investigadores y profesores de todo el mundo como apoyo (alguno de bioquímica, pero bueno, qué más da). Repito, es impresionante. Si yo no llevara 35 años en la Facultad de Filología, no tendría más remedio que replantearme muchas cosas. Cualquier persona razonable dirá: a ver, 300 académicos de varios continentes no pueden estar equivocados ni engañados, ¿no? Esto es un refrendo autorizado y apabullante, algo de razón tendrán, más bien mucha razón.

Pues tampoco. Es cierto que no están equivocados ni engañados, pero eso no significa que su criterio esté bien fundado. Intentaré explicar cómo se consiguen 300 firmas de académicos a favor de la oficialidad del asturiano. La receta no es fácil, pero llevo viendo cómo se cocina desde hace décadas, por lo que tampoco me sorprendió tanto.

He leído con mucha atención la lista de firmantes, y pueden separarse varios tipos. Primero están los oficialistas asturianos, el núcleo duro. Desde becarios de investigación a catedráticos (por cierto, poneos de acuerdo, hombre, tanta normalización y todavía se cuela un caderalgu por ahí). Me consta que todos creen en lo que hacen con todo su corazón, y esta lucha es la razón de su vida; no puedo más que respetar eso.

Siguiente bloque, más numeroso aún: firmantes españoles, pero a regañadientes; la inmensa mayoría de ellos, catalanes, y algunos gallegos. Tiene su lógica: si yo mando a un colega de la Universitat de Barcelona un manifiesto por la oficialidad del pixueto, me lo firma sin mirar. Toda solidaridad es poca frente al castellano opresor. Ahí ya empieza a hacer aguas la cosa.

Pero queda un bloque decisivo: un centenar bien largo de académicos, sobre todo de Europa y América. Esto no es revanchismo ni frivolidad. ¿Cómo se obra el milagro? Permítanme.

Aunque se quejen de postergación y desprecio institucional, lo cierto es que, desde hace décadas, tanto la ALLA como cualquier grupo de investigación que se dedique al asturiano han dispuesto siempre de unos recursos a los que nadie puede aspirar en Asturias. A ellos no se les limitan las publicaciones, ni los premios, ni la gestión de actos científicos. Y algo que supieron hacer muy pronto fue organizar congresos internacionales con todo el empaque posible: romanistas y lingüistas de primer orden como invitados, la Universidad como anfitriona, el Rector en la inauguración... Cada uno de esos invitados ilustres vino a Oviedo y estuvo varios días rodeado de amables asturianohablantes que, por educación, compartían con ellos la lengua que hiciera falta. Y todos se volvían a casa con un kit bibliográfico completo de la ALLA (diccionario, gramática, ortografía, como mínimo) generosamente regalado por... Usted y yo, que, pese a ser unos opresores, llevamos toda la vida pagando sus recursos.

Estas personas no han firmado engañadas ni ignorantes, no son tan tontos. Han firmado con una convicción plena, basada en lo que vieron cuando estuvieron aquí. Pero lo que vieron fue ese micromundo paralelo en que viven sus anfitriones. ¿Cómo no refrendar esa realidad hospitalaria y alternativa, si no vieron otra?

Una última reflexión. Nunca habrá un contra-manifiesto. Y eso que en el ámbito académico asturiano hay decenas de colegas que se oponen como yo a la oficialidad, muchos más que quienes la apoyan. Me lo llevan diciendo desde hace veinte años, en privado, cada vez que manifiesto mi opinión. Pero yo no puedo pedirle a nadie que comience ni tenga su carrera a medias que se exponga, porque perdería su futuro. Ya puede olvidarse de ayudas regionales o cargos académicos, sería una persona “tóxica”. Solo hace muy poco me atreví a pedírselo a tres colegas que han culminado su carrera y no tendrían nada que perder. Los tres me dijeron que no querían meterse en líos.

Hace trece años presenté una moción en mi Facultad contra una titulación en asturiano. Lo hice como algo testimonial: las votaciones a mano alzada salían por asentimiento, y luego todo el mundo protestaba, así que exigí una votación secreta. Quería constancia de que no había unanimidad. Pero para pasmo general mi moción ganó y el Grado en Asturiano perdió. Al día siguiente había catorce pintadas contra mí en el Campus, y tres días después vinieron tres mocetones embozados a mi despacho a pedirme explicaciones. Así es como se crea la ley del silencio, y por eso nunca habrá manifiestos contra el asturiano en mi Facultad. No olvido el apoyo público mayoritario que recibí de mis compañeros, pero la ekintza había logrado su efecto: nadie quiere líos.

Esa es la paradoja: la mayoría de mis colegas se opone pero no lo dirá; una minoría lo apoya pero no tiene nada que temer y mucho que ganar. Sin embargo, da igual: esas 300 firmas no van a conseguir cambiar la realidad de que, en Asturias, la lengua general de la comunicación social, la cultura y la administración es y ha sido siempre el español.

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