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La Nueva España

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Luis Alonso Vega

La cercanía de don Francisco

Los tarjetones del cardenal asturiano

Leí tarde el fallecimiento de su enminencia don Francisco Alvarez, al que conocí en Oviedo siendo secretario del entonces arzobispo don Javier Lauzurica y Torralba, al que don Francisco tuvo siempre gran aprecio, conservando siempre en su despacho una fotografía de, como el decía, su don Javier.

Tardé uno cuantos años en verle, hasta que fue nombrado Arzobispo de Toledo y Primado de España. Allí le visité varias veces y en una de esas visitas me dedicó un álbum de sellos del Vaticano.

En febrero de 2001 fue nombrado Cardenal y en aquel viaje a Roma conocí al entonces vicario y rector del Seminario de Alicante don Francisco Cases, hoy Emérito Obispo de Canarias.

Una vez jubilado, don Francisco vino a vivir a Madrid, donde al menos le visitaba cada Navidad, llevándole bombones de Peñalba. Charlábamos de Oviedo, de la gente que ambos conocimos, por ejemplo de don José Ramón Lobo, quien había sido su secretario, hasta su retirada a Oviedo, donde falleció al poco tiempo.

Quiero referirme a los tarjetones que enviaba porque cuando yo le remitía un artículo mío siempre me contestaba con una tarjeta manuscrita, conservándolas todas.

La popularidad de don Francisco era tal que la mayoría le conocían por don Paco. La última vez que le visité su memoria ya le flojeaba, no obstante, al marchar salió a la escalera y me pidió el ascensor. Ya no volví a verle, pero conservo varios regalos que él me hizo, como tres bastones, uno con empuñadura de plata.

Hoy don Francisco está en el cielo con su don Javier y tres de sus más íntimos amigos, como fueron Francisco García Morales, Julio Rojo y Benedicto Nieto, este último profesor de latín e inspector de enseñanza secundaria.

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