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Pablo Portilla

El Club de los Viernes

Pablo Portilla

No seas cómplice

La representación de la sociedad a través de los políticos

Atribuyen a Voltaire la frase que dice que “la política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”; y, aunque no he logrado encontrar en qué contexto fue dicha, me sirve para comenzar este artículo.

Creo que los políticos representan fielmente a la sociedad. Es decir: no creo que la sociedad sea moralmente mejor que sus políticos.

Independientemente de que los diferentes comportamientos sociales no estén proporcionalmente representados en los ayuntamientos, diputaciones, parlamentos autonómicos, senado y congreso; los políticos que vemos a diario no estarían ahí si muchos ciudadanos no se identificasen con ellos.

Puede que haya algo de cierto en eso de que se vota eligiendo al menos malo, pero aún así cuesta entender cómo puede llegar a concejal ese que esta semana en el Ayuntamiento de Zaragoza soltó lo de “carapolla”. Así que podría pensarse que, si este hombre está ahí, es porque existen zaragozanos de ese nivel educativo, cultural y moral. Colaboradores necesarios. Cómplices.

Volvamos a la frase de Voltaire. Hombres sin principios, dice de los que dirigen. Sin buenos principios morales, se entiende. Pero a lo largo de la Historia hemos conocido políticos que han destacado por sus principios y no hace falta buscarlos lejos. Viendo la Transición española encontramos políticos que, al lado de algunos de hoy en día, sería como comparar a Adenauer con Maduro.

Y por último, llama Voltaire a los gobernados, hombres sin memoria. Pero más grave que la falta de memoria, quizás sea la falta de educación y cultura que al final también es la causa de que elijamos políticos carentes de todo ello (sin principios ni memoria, sin educación ni cultura). Hombres y mujeres que llegan a la política y creen que están llamados a realizar una gran labor histórica que les lleva a convertirse en intervencionistas practicantes de ingenierías sociales. Un peligro.

Dicho de otro modo, y parafraseando al filósofo italiano Bruno Leoni, nadie debería tener poder como para identificar su propia voluntad con la ley del país, de la provincia o del municipio que dirige.

La falta de memoria que Voltaire adjudica a los votantes parece haberse incrementado en los últimos años, posiblemente debido al bombardeo permanente de datos que recibimos de los medios de comunicación, internet en todas sus redes sociales y laborales, los grupos de whatsapp... El cerebro se protege de esa avalancha de información y olvidamos (o ni siquiera nos llaman la atención) ya muchas cosas.

Desde que comenzó 2022 hemos visto a una niña pedir permiso para responder una pregunta en español y al presentador del concurso de TV3 prohibírselo. ¿Quién votó la inmersión lingüística en Cataluña?

Hemos visto como Asturias, sin trabajo, sin población, dependiente de funcionarios, pensionistas y subsidiados, y sin AVE, avanza hacia la locura de tener cuatro idiomas oficiales: español, el bable artificial de la Academia, el gallego-asturiano con sus variantes (que ahora llaman eo-naviego) y el gallego. Algo que nadie demanda pero parece que nos gobiernan niños refalfiados. ¿Quién los votó para este experimento? Hemos visto a un gobierno nacional atacar el sistema de producción de alimentos que nos permite comprar la comida en los supermercados. Y con la inflación por las nubes. ¿Quién los votó para que hagan esto?

Hemos visto como se penaliza a los autónomos, cuando crear una empresa debería tener coste cero, porque un estado que respete la libertad de sus ciudadanos no puede penalizar la iniciativa empresarial. Ni convertir el ser funcionario en la máxima aspiración profesional de su juventud, salvo que quiera ser la URSS. ¿Quién votó para convertirnos en un país comunista?

Obviamente que alguien los ha votado, por eso termino citando a Víctor Hugo porque esta frase suya resume perfectamente lo que he intentado exponer.

“La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer”.

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