Opinión | Solo será un minuto

Entre olas y adioses

Hugo: “A propósito de Laura. Tú la conociste bien. Podía obsesionarse con algo de tal forma que solo vivía para alcanzar una meta. Por ejemplo, cuando se comprometió a perder 15 kilos en tres meses. No te pases, le dije. Lo haré, me dijo. Y llevaba una báscula portátil en el maletín del ordenador para pesarse media docena de veces al día aunque no estuviera en casa. Laura dividía a las personas en lobos, garrapatas y águilas. Nunca me explicó las razones por las que alguien entraba en una u otra categoría, y cuando le pregunté si yo era lobo, garrapata o águila se limitó a sonreír. Creo que solo era feliz sobre las olas. Se subía a la tabla de surf, y volaba entre nubes de agua y espuma. Volar sin alas, decía cuando regresaba a tierra firme, agotada y plenamente satisfecha. Y le gustaba hacerlo bajo la lluvia. Me fascina recordarla surfeando en plena tormenta, y nunca olvidaré su imagen audaz y temeraria, una mancha roja surcando el mar con los rayos zigzageando en el horizonte. Lástima que no use teléfonos móviles, no pude capturar ese instante. Ella me hubiera reñido: vive, no fotografíes lo que vives porque lo matas.

También me dio otro consejo de gran utilidad, aunque no me considero capacitado para seguirlo: piensa en algo imposible de conseguir antes de salir de la cama, no te cortes, no tengas miedo, atrévete, y luego pelea con todas tus fuerzas por intentar hacerlo realidad y el día merecerá la pena.

No echo de menos a Laura porque ella me lo prohibió. Me voy con las olas, dijo dos días antes de abandonar el mundo físico. Sin una queja. Sin un reproche. Sin amarguras ni desaliento. Sonriendo. Cuando estoy a punto de añorarla me acerco a la playa, mejor si llueve, y escucho cómo las olas me traen su risa y se llevan mis lágrimas”.

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