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Juan Cueto, más que un hombre del Oeste: en recuerdo a los tres años de su muerte

Nos falta un agitador cultural, siempre solvente, pero nos ha dejado su pensamiento ágil

Una foto de archivo del escritor y periodista Juan Cueto.

Una foto de archivo del escritor y periodista Juan Cueto. / EFE

Guillermo Cabrera Infante, con motivo del 40 aniversario de la muerte de Gary Cooper, escribió sobre Juan Cueto en su artículo “El héroe lacónico”: “La imitación del modo de caminar de Gary Cooper es típica de los actores muy altos, que se ven obligados a manejar las piernas como si les fuera difícil caminar, pero que crea un estilo de moverse. Un crítico sagaz, Juan Cueto, cuenta que vio varias veces ‘Solo ante el peligro’ ¡sólo por mirar a Cooper caminar! Gary Cooper, el actor que hizo del yep su forma de decir sí (…), el hombre del Oeste ideal, es decir, el vaquero por antonomasia, era un hombre elegante, sofisticado y, ¡asombro!, urbano”.

Juan Cueto no necesitó ser muy alto para caminar como Gary Cooper. Nada lacónico, por cierto, mantuvo siempre esa elegancia y sofisticación del hombre del Oeste al que se refiere Cabrera Infante. Caminaba por el rompeolas de Gijón y por las estrechas calles del Oviedo antiguo como un urbanita del siglo XX. Fue el héroe que había conquistado el mundo de la cultura internacional desde su atalaya provincial con Los Cuadernos del Norte. Lanzó el número 0 de la revista al empezar 1980 con una portada que anunciaba como tema central el “Existencialismo, hoy”, en el que escribían de otros muchos temas, Vicent, Gamoneda, Cela, Torrente Ballester, Umbral, Roland Barthes (que moriría un mes después de la salida de la revista), y en próximos números vendrían Benet, Cunqueiro, Donoso, Umberto Eco, Ayala, Ángel González…

Cueto, más que un hombre del Oeste

Juan Cueto / Miguel Munárriz

Juan Cueto escribía con idéntica solvencia sobre La Regenta, lo último en tecnología digital o sobre la lógica del telefilme, que “en definitiva”, decía, “es la misma que utilizó Ignacio de Loyola cuando inventó sus célebres ejercicios espirituales. El ejercitante, como el televidente, no debe de tener un solo momento de respiro”. Nadie nos contó Falcon Crest, Dinastía o Miami Vice como Cueto. Su genialidad para establecer paralelismos “arborescentes” entre la Venecia cantada por Dante, Boccaccio, Shakespeare o Proust, y el Miami que “empiezan a cantar los arquitectos y los telefilmes” era proverbial. Mantuvo siempre relaciones de equilibrio con la literatura, el arte, la filosofía, la semiótica, el cine y el fútbol, con una gracia personal única; su bigotazo cordial y su voz timbrada y cálida hacían que su conversación fuera siempre irónica y cordial. Ejecutivo de ida y vuelta entre Asturias y Madrid, primero como director general de Canal+ España, y después Asturias-Milán, como asesor en materia de programación de Telepiú, coincidí con él muchas mañanas en el aeropuerto y me ponía al día en quince minutos.

“Creador de televisión de autor”, “intérprete del progresismo”…, de sus libros quiero recordar “Yo nací con la infamia” (Anagrama), en el que recopiló textos con los temas que solía tratar en sus columnas sobre cine, televisión y nuevas tecnologías.

Desde el 14 de enero de 2019 ya no hemos podido preguntarle qué libro estaba leyendo o qué nueva voz había que tener en cuenta, pero nos ha dejado su pensamiento ágil y moderno que debemos seguir recordando como prueba de su altura intelectual y de su gran capacidad como agitador cultural.

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