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Susana Solís

Futuro Europa

Susana Solís

Eurodiputada asturiana por Ciudadanos

¿Crisis energética? La solución está en casa

España y Asturias tienen mucho que decir en los problemas tras la invasión de Ucrania

No hace falta tomar medidas desproporcionadas o acudir a la otra punta del planeta. Tampoco hace falta dar un giro radical a las políticas de descarbonización que nos habíamos marcado. Para paliar la grave crisis energética que hace temblar a Europa con el estallido de la guerra en Ucrania –y que ya venía de antes– los Veintisiete no deben volverse locos con extravagancias. La solución la tenemos en casa. La solución pasa por España.

El pasado miércoles la Comisión Europea anunció RepowerEU, un proyecto que plantea de manera explícita reconsiderar nuestra dependencia del gas ruso. Aquí no hay debate. Es un tema que encuentra consenso desde hace años en Bruselas, pero claro, ahora se está viendo más que nunca su urgencia. La pregunta es la de siempre: ¿cómo hacemos para desligarnos de las materia primas y combustibles que nos exporta Rusia?

El plan presentado esta semana pone el foco en la diversificación del suministro de gas, la aceleración en el despliegue de renovables y la eliminación de los cuellos de botella en las infraestructuras que mueven el combustible entre los países de la UE. El objetivo es evidente: reducir la demanda de gas ruso en la UE hasta en un 66% antes de fin de año.

Teniendo esto en cuenta, considero que España debe jugar un papel protagonista en este nuevo paradigma. Primero, porque tenemos una situación geográfica estratégica de primer orden como puerta europea para África y el Atlántico. Si queremos romper con la vía del este, no hay mejor opción para la UE que España como nuevo polo de entrada de gas y material primas. El plan parece aún más evidente teniendo en cuenta que nuestro país podría almacenar un tercio del gas europeo gracias a las plantas regasificadoras que se han ido construyendo en la costa en los últimos años.

Evidencias y ventajas competitivas frente a otros países, de eso no hay duda. Pero hay un gran escollo. No tenemos las infraestructuras suficientes como para hacer llegar este gas al resto de Europa. Dicho en otras palabras, las dos conexiones por tubería con Francia (por Larrau e Irún) apenas cubren el paso de 8.000 millones de metros cúbicos de gas al año.

Invertir ahora en infraestructuras que mejoren nuestra interconexión con Francia lleva su tiempo; es un plan de futuro. Por eso ayer pedí por carta a la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, la puesta en marcha inmediata del gaseoducto MidCat, un proyecto paralizado hace dos años que podría aumentar hasta los 17.000 metros cúbicos anuales el traspaso de gas con nuestro país vecino. Más del doble de la capacidad actual.

Pero esta no es la única medida que debemos contemplar a corto plazo. Si necesitamos reunir todas las armas necesarias para hacernos fuertes frente al chantaje energético ruso, no podemos olvidarnos de unas instalaciones claves que ya llevan paradas demasiados años. Efectivamente, me refiero a la regasificadora de El Musel. Ponerla en marcha situaría a Gijón en el mapa de los buques metaneros, lo que tendría un efecto positivo a corto y medio plazo, como podemos imaginar. Pero estas instalaciones también tienen aprovechamientos a largo plazo para la transición ecológica.

En los últimos meses se ha puesto sobre la mesa del debate económico asturiano el hidrógeno verde. Invertir en infraestructuras que transporten el gas natural por la península hacia Europa central también puede aprovecharse para el envío de hidrógeno. Para hacer de Asturias un polo de generación y consumo de hidrógeno verde a nivel industrial, todo lo que sea aprovechar lo que ya tenemos es un movimiento inteligente. La regasificadora, que costó en su momento más de 200 millones, puede utilizarse también como almacén y punto de recarga de hidrógeno verde.

Aunque el Gobierno ha hecho mucho por enterrar nuestra reputación internacional, la terrible situación que se vive con la invasión a Ucrania reabre de manera urgente el debate sobre la soberanía energética de Europa. España tiene la oportunidad de mejorar su estatus internacional y postularse como un socio fiable presentándose como la puerta energética de la UE. No dejemos pasar la oportunidad.

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