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Susana Solís

Susana Solís

Eurodiputada asturiana por Ciudadanos

Ucrania pone a prueba la solidaridad y la fortaleza de la UE

Europa debe volcarse en atender las consecuencias de la guerra

La Unión Europea vive uno de los momentos más delicados de su historia. Creíamos que después de la crisis económica y financiera de 2008 y del golpe de la pandemia en los dos últimos años ya lo habíamos visto todo; pensábamos que las tensiones que habían amenazado con romper Europa (y que casi lo consiguen) eran cosa del pasado. No podíamos estar más equivocados.

La invasión de Ucrania nos ha obligado a reaccionar, a volver a movernos rápidamente. Lo hicimos con las sanciones, con el envío de armamento y adoptando una posición conjunta en política exterior nunca vista hasta la fecha. Todo ello es muy positivo, pero es necesario ir un paso más allá.

Hoy se aprobará en el Parlamento europeo de forma urgente el CARE, una herramienta que los países de la UE podrán utilizar con agilidad para afrontar la crisis humanitaria derivada de la invasión de Ucrania. Su proceso será similar al que articuló el pago de los Erte, respiradores, vacunas y camas de hospitales durante la crisis sanitaria, esto es, dando flexibilidad a los países miembros para utilizar los remanentes que aún no se han usado de los fondos de cohesión 2014-2020.

Los países podrán utilizar estos fondos para acoger a los refugiados ucranianos y reforzar los servicios básicos en los próximos meses, que se prevén especialmente duros con la llegada de hasta cinco millones de personas a la UE. Con el CARE se da luz verde para que Bruselas financie en su totalidad centros de acogida y hospitales móviles, planes de empleo, educación, inclusión social...

La tramitación urgente de este mecanismo es una gran noticia. Pero sigue haciendo falta más ambición. Primero, con el aumento de los fondos a los que pueden acceder los países, sobre todo los que tienen frontera con Ucrania. Después, revisando los plazos que se dan para justificar gastos, ya que hasta ahora se contempla el horizonte de finales de junio. Ojalá no sea necesario, pero todo parece indicar que los efectos de la guerra seguirán notándose más allá del verano.

Los países del sur de Europa pedimos solidaridad cuando la pandemia sembraba el pánico en 2020. Miles de muertos, negocios cerrados y una crisis económica sin precedentes. Decíamos que si trabajábamos juntos sin mirar la situación geográfica, el PIB o la deuda pública de cada país, el proyecto de la UE saldría más reforzado. Y todo ello era cierto.

Hoy volvemos a reclamar esta solidaridad, aunque los que más la necesitan son otros. Además de recursos económicos, España puede jugar un papel importante aportando hogar y sosiego a todos los que huyen de la barbarie y de los bombardeos. Yo conozco muchas localidades de la España rural que, desde hace décadas, son escogidas por ciudadanos del Este para establecer a sus familias e iniciar nuevos proyectos vitales y negocios, y los resultados son muy positivos. Ahora que la guerra vuelve a llamar a las puertas de Europa, la apuesta por la integración y la acogida en nuestra tierra se vuelve de nuevo primordial.

El CARE debe priorizar la acogida de refugiados, sí. Pero durante los próximos meses habrá más daños colaterales derivados de la invasión que se extenderán por toda Europa. Ya lo estamos viendo. Pymes y negocios diversos están sufriendo una crisis descomunal a causa del imparable aumento del precio de la energía y los combustibles, que deriva en inflación. Una situación dramática que es un nuevo golpe al campo, los transportistas y la industria. Que los fondos lleguen a ellos, a aquellos profesionales de la España rural y a los negocios que ya vivían al borde del abismo, será clave para que la sociedad aguante de pie la acometida de la economía de guerra.

Europa tiene que ser flexible si quiere ser útil. Que el CARE sirva para dar una nueva vida a los fondos de cohesión, adaptándolos a las urgencias y crisis que no podíamos prever. Lo hicimos con la pandemia: trabajamos de forma conjunta a la hora de aprovisionarnos con vacunas. Ahora lo tendremos que hacer con la energía e incluso con una política exterior más solidaria y unificada.

Volvemos a encontrarnos en uno de esos momentos que definen la historia. Ucrania nos necesita. Estar junto a ellos será una prueba de solidaridad y fortaleza. Demostremos que ninguna agresión puede quedar impune y demos la cara por nuestros socios del Este. Mantenernos firmes junto a ellos es la mejor forma de defender el proyecto común de la Unión Europea, más necesario que nunca en los tiempos de incertidumbre geopolítica que nos toca vivir.

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