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Vicente Montes

Entropía en el final de la legislatura

Aumentan los elementos de desorden en el escenario político regional: los partidos se preparan para un año de sobresaltos y sondeos

El muy manoseado concepto de entropía, ya saben, es una medida del desorden y determina también la predecibilidad de un sistema. El aumento de escenarios posibles es muestra de ese desorden, por tanto, de la capacidad para determinar estadísticamente los estados futuros. Tomando esta idea, la entropía de la legislatura crece significativamente a medida que se aproxima su final, lo que acrecienta la inseguridad en los partidos. Las elecciones futuras, el clima económico y otras variables regionales, como la demográfica, van a ser un fuego que caldeará el guiso político asturiano. Y a él se sumarán algunos elementos que pueden introducir distorsiones. Ahí van algunas pinceladas.

¿Repetimos?

Danone lanzó su eslogan más conocido allá por los ochenta del pasado siglo. El anuncio de la marcha de la planta de la multinacional en Salas acelera la sensación de desafecto en el Occidente. Máxime cuando el alcalde de ese concejo, el forista Sergio Hidalgo, ha sido un elemento beligerante no controlado por el PSOE. Habrá que estar atentos a los movimientos que haga, porque el Occidente sigue agitado. El afán por conformar una candidatura específica de la zona se mantiene, con posibles novedades en las próximas semanas para visibilizarla. No obstante, hay quien ya se ha bajado del auto. ¿Repetimos?: es la pregunta que se hace el PSOE respecto a sus resultados electorales hace tres años en esa circunscripción.

La batalla gijonesa.

No pierdan de vista el mayor concejo de Asturias, el granero de votos regional y todo un emblema. La alcaldesa Ana González ha dejado claro que quiere repetir como candidata, lo que puede desatar una cruenta batalla interna en el PSOE. Máxime cuando comienza a ponerse sobre la mesa la posibilidad de que la exalcaldesa Carmen Moriyón regrese a la pugna local. Los foristas saben que sería una buena arma de supervivencia. No se le escapa a alguno que, incluso, si el PP explorase alianzas el susto podría ser morrocotudo. Pero hoy no parece que se vayan a negociar coaliciones más allá de algún comentario de pasillo parlamentario.

Alerta naranja.

La crisis en Ciudadanos puede convertirse en un quebradero de cabeza parlamentario. Armando F. Bartolomé acabará expulsado del grupo y pasará a “no adscrito”, y Ciudadanos reclamará que sea cesado de la Mesa de la Cámara. Pero para eso tendrán que retratarse el resto de partidos. ¿Se admite que los puestos nominales votados al principio del mandato son en realidad de las organizaciones y no de los elegidos? El asunto tiene su enjundia. Se dirá que es una forma de combatir actitudes transfuguistas (pese a los amplios matices que permite el término), pero sea como sea los partidos tendrán que significarse con su voto. El PSOE puede pasarle factura por el favor a los dirigentes de Ciudadanos y conseguir un respaldo cómodo para las leyes que llegarán a la Cámara.

La marca del millón.

La imparable caída demográfica de Asturias será protagonista del fin de legislatura. La pérdida del millón de habitantes será más totémico que la gaita a la que apelaba Barbón en el congreso regional de su partido. No es un número, es un símbolo. Pesará más en la recta final del mandato que la gestión de la pandemia o que la oficialidad del asturiano. El gobierno regional tendrá que conjugar su estrategia de llamar a desterrar el pesimismo con el escenario futuro que le aguarda a la región.

El efecto Feijóo.

Las primeras encuestas tras el relevo en la cúpula de los populares indican un repunte de las expectativas electorales del partido. Pero esas expectativas deben trasladarse a todos los territorios. De ahí que las encuestas relativas a las futuras elecciones autonómicas sean relevantes para los populares en los próximos meses. Llega el tiempo de los sondeos. Lo ha hecho recientemente Ciudadanos, que pese a la que está cayendo se ven confiados en una mínima supervivencia.

Los sustos de Sánchez.

El Ejecutivo central no gana para sobresaltos y también las futuras elecciones generales a finales del próximo año o el afán por adelantarlas alterarán todo. Aguas abajo, el clima nacional se trasladará a los partidos regionales. El resultado de las elecciones andaluzas ya será una buena cata para comprobar cómo de ardiente está el guiso en la cazuela.

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