Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Trevín

Pegasus: cuídate de espías deshonestos

Una década de espionaje en España

“¡Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!”. El capitán Renault pronunciaba en la mítica película de Casablanca esta frase, dos segundos antes de que el jefe de sala le entregase un fajo de billetes: “Sus ganancias, señor”.

La escena me ha venido a la memoria estos días al escuchar la escandalera política en torno al “¡qué escándalo, qué escándalo, hemos descubierto que aquí se espía!”.

En nuestro país se ha escuchado ilegalmente a troche y moche. Lo sé fehacientemente. En la última década y por experiencia. En mis años en el Congreso, al frente de la portavocía de Interior del Grupo Municipal Socialista, tuve que bregar con algunos temas que interesaron a “escuchadores profesionales” de dicho ministerio. Voces policiales amigas me advirtieron del hecho, recomendándome que solo utilizara WhasApp para llamadas y mensajes. También me sugirieron mirar en los escaparates, cuando caminaba por Madrid, por si alguien me seguía. Esto último lo olvidaba frecuentemente y, seguramente por ello, acabaron haciéndome una fotografía en un café cercano al hemiciclo con dos comisarios principales del Cuerpo Nacional de Policía, que “La Razón” publicó en primera página a cinco columnas.

En aquel tiempo, en el Ministerio de Interior, una camarilla policial bautizada por ellos mismos como “policía patriótica”, grabó, y filtró posteriormente a los medios, las conversaciones entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el director de la Oficina Antifrau de Catalunya, Daniel de Alfonso, buscando casos que salpicaran a los partidos independentistas catalanes y “hablando” incluso de que si fuera preciso “esto la fiscalía te lo afina, hacemos una gestión”.

El ya famoso comisario Villarejo y sus adláteres, a los que, inconcebible e irresponsablemente, Fernández Díaz y su equipo de confianza habían reclutado para dicha camarilla policial, alternaban entonces “negocios” particulares con operaciones irregulares ordenadas por sus superiores ministeriales. Experiencia no les faltaba, como demuestran investigaciones y sentencias judiciales de épocas anteriores, en los años del gobierno del presidente Zapatero. Las investigaciones a empresas del IBEX, juzgadas en dichos procesos, evidencian la conexión de Villarejo con el interés de dichas entidades por conocer las estrategias gubernamentales sobre su futuro, así como las alianzas puestas en marcha por grandes constructoras por hacerse con la mayoría de algunas energéticas.

Casi nadie se escandalizó entonces por todo lo que estaba sucediendo. Ni por los avisos, que reiteradamente hice desde la tribuna del Congreso, sobre el espionaje y las maniobras ilegales, que podían estar llevándose a cabo desde Interior, contra los nacionalistas catalanes. Ni, tan siquiera, Ezquerra o CIU rechistaban. Aquellos tejemanejes iniciaron su ocaso gracias a las investigaciones del CNI, dependiente de Soraya Sáenz de Santamaría y dirigido por el general Sanz Roldán, y la “unidad de asuntos internos” del CNP dirigida por Martín Blas. Tanto este último como Sanz Roldán se convirtieron en “grandes enemigos” para Villarejo.

Ahora, que el CNI está en el ojo del huracán político, considero de justicia recordar todo ello. Las investigaciones policiales, con control judicial, no pueden equipararse nunca con los tejemanejes de las “cloacas de interior”.

Ya dijo Montesquieu: “El espionaje podría ser tolerable si pudiera ser ejercido por gente honesta”.

Compartir el artículo

stats