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La Nueva España

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Carmen Martínez Fortún

Transparencia y opacidad

Las escuchas de Pegasus

En nombre de la transparencia se ha liado la que se ha liado. Y es que ni a la ministra portavoz ni al titular de presidencia se les cae de la boca para justificar la errática actuación gubernamental, después de que la prensa extranjera aireara el espionaje a los independentistas, que ahora sabemos que estaba avalado por la ley, aunque eso haya hecho que Puigdemont nos mande a todos a la mierda de palabra años después de hacerlo de obra y tomar las de Waterloo en un maletero. En consecuencia, los golpistas indultados y sin indultar que andaban sumidos en la irrelevancia han vuelto a la carga de manera histérica entre aplausos del socio antisistema del PSOE –otro en estado terminal– y demás componentes de Frankenstein que, aunque amaguen con acabar con la legislatura, no lo harán mientras cuenten con Sánchez, que tan imperdonable considera confundir a Rufián con Abascal y que tanto estima a Aragonés, aquel que animaba a los angelitos del Tsunami antidemocratic a apretar, cuando apretar significaba quemar y destrozar.

Mas nunca la transparencia ha sido imprudencia. Como esa en la que ha incurrido el también histérico gobierno al humillar al CNI y admitir a simpatizantes de etarras y declarados enemigos del Estado en la comisión de secretos oficiales. Feijóo y Rajoy denuncian hoy esta jaula de grillos o aquelarre inédito en Europa. Eso ha hecho que el portavoz del PSOE en Madrid, algo histérico también, cargue contra el actual líder popular, deplorando jeremíacamente que en estas extremas dificultades hable mal de España, algo que en absoluto ha hecho, pues criticar a su gobierno no significa criticar a la patria, a no ser que el ejecutivo y su presi padezcan ese cesarismo peligroso que ya vimos en los independentistas al identificar sus augustas personas con la totalidad de Cataluña.

Mientras el ruido y la furia sigue, el gobierno se enroca en el disparate de la transparencia, cuando no hay manera de obtener información sobre los famosos viajecitos en Falcon y Rufián larga lo que no puede ni debe como un paparazzi barato.

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