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Francisco García

Hasta siempre, "Coté"

Hace frío ahí fuera cuando se pierde a un amigo. Una racha heladora se cuela por las rendijas de los adentros cuando una voz cercana, desde el otro lado del teléfono, anuncia un deceso no menos doloroso por estar desde hace meses escrito en el viento. Coté, el amigo, José María Asensi, el prestigioso neurólogo ovetense de raíces belmontinas, el especialista de referencia en esta región cuando había que hacer memoria de la variante humana del mal de las “vacas locas”, sabía que su fin estaba próximo, que el tumor cerebral incurable que él mismo se diagnóstico a la vista y al olfato de ciertas evidencias le había puesto inevitable fecha de caducidad.

Lo sabía y decidió vivir, no amilanarse, ni volverse huraño. No quiso dejar a la intemperie a sus pacientes con Parkinson, a quienes recetó una web de autoayuda de su propia factura. Los avances médicos le habían dado una bola extra que jugó con pasión este último año y medio en el “pinball” de los aconteceres diarios. La partida finalizó al atardecer del miércoles, con Isabel de su mano, la mujer de su vida, la madre de sus cinco hijos, tres de los cuales heredaron del progenitor el deseo de administrar sus vidas en el cuidado de las ajenas, según el mandato hipocrático. Varias generaciones de Asensís han ejercido la medicina durante los últimos dos siglos, de manera que el apellido seguirá apareciendo en letras mayúsculas a las puertas de una consulta aun por muchos años.

Magnífico cocinero, incansable conversador, inteligente y culto, divertido, generoso y de puertas abiertas para los amigos, ya fueran las del corazón o las de su casa, fue un placer haber tenido acceso a algunas de sus estancias, donde había muebles antiguos de subasta y miradores acristalados con vistas a la ría del Eo. Por eso hace frío hoy ahí fuera, porque la calidez reconforta al recolector de afectos.

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