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Pilar Garcés

Acabar con el Homo antecesor

Las críticas de Iglesias a Díaz

Se le dijo a Ursula von der Leyen cuando el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, la dejó sin silla y la arrinconó en el sofá, y se le volvió a repetir a la presidenta de la Comisión Europea el día que el ministro de Exteriores de Uganda le negó el saludo: lo que hay que aguantar es nada. Ni la sutileza, ni la metáfora, ni la fría indiferencia sirven para pararles los pies a los señoros acostumbrados a tutelar y/o menospreciar a las mujeres. Después de la primera viene la segunda, y luego toman carrerilla. Te ningunean una vez y le cogen gusto aunque sean unos mindundis que no pintan gran cosa. Por este motivo, se recomienda a Yolanda Díaz que deje a un lado su proverbial buena educación y la innata capacidad para el diálogo que ha seducido a empresarios y sindicatos y le envíe al ciudadano Pablo Iglesias sus mejores deseos de que se multiplique por cero. Parece que va a emprender la vicepresidenta del Gobierno un “proceso de escucha” por toda la piel de toro. Algo parecido al viaje en coche de Pedro Sánchez cuando su partido le hizo la cama, pero en el caso de la ministra con el típico copiloto petardo que sabe cuándo hay que reducir una marcha mejor que la conductora, resopla si se pasa la salida de la autopista y la critica sin piedad cuan suegra del papa Francisco. Pero también contesta “no, gracias” cuando se le propone que coja el volante. No hay día sin aparición estelar del cofundador de Podemos pontificando sobre lo mal que lo hace todo el mundo en la izquierda en general, y Díaz en particular, como si no nos hubiéramos percatado sin necesidad de oráculo. Eran los pellizcos de monja lo que le quedaba en el convento de la formación morada al líder carismático que se marchó inopinadamente y cuando le dio la gana. ¿Pero no se había ido?

Siempre es malo de aguantar el Homo antecesor. Conviene deshacerse de él, sin violencia pero con firmeza porque congraciarse es misión imposible. Acostumbrado a mandar mucho, tiene tiempo de sobra para ejercer de tertuliano, de conferenciante o de invitado estrella. Si hay que tomarse dos desayunos informativos la misma mañana, se toman. Si hay que escribir unas memorias, se escriben. Puede criticar al adversario ideológico, pero le satisface más despellejar a los suyos. Da lecciones de democracia y de liderazgo con grandes dosis de intensidad. Que no falte la intensidad. No sabe de derechas o izquierdas, se espera el mismo grado de superioridad moral de José María Aznar que de Felipe González, o ahora de Pablo Iglesias, que no pierde ocasión de evidenciar la mejorable gestión del marasmo que es su partido. Siempre resulta insoportable el Homo antecesor, y más para una mujer (salvo la suya propia), pues suele merecer mayores dosis de condescendencia. Intuyo que el elector andaluz no necesita tutelas para pensarse dos veces si dar su voto a quienes han sido incapaces de presentar una candidatura en tiempo y forma. El cabeza de lista del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, ya ha dejado caer que prefiere que nadie del PP nacional le ayude. Chico listo, debe temerse el desfile de expresidentes con ganas de hablar de más, mientras la ultraderecha calla y crece.

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