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Vicente Montes

Un mes de estrés

Las elecciones andaluzas en el horizonte | El bipartidismo echará los restos | Incierto horizonte económico | El lío con la ministra Robles

El clima político nacional entrará en un mes de estrés ante las elecciones andaluzas; como el experimento cuántico de Schrödinger, la apertura de las urnas en Andalucía determinará el estado de la cuestión. Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo saben que tienen que echar los restos. Las encuestas dan la victoria a los populares, pero la incógnita es cuánto descenderán los votos de los socialistas y cuanto ascenderán las papeletas del PP. Y aunque los sondeos dan como inevitable que el líder popular Juan Manuel Moreno, tendrá que apoyarse en Vox para conseguir la mayoría absoluta, el margen con el que esto suceda está sujeto a una amplia horquilla.

Las semanas de aquí a la votación del día 19 de junio elevarán el tono discordante entre los dos principales partidos, una estrategia que a ambos conviene, entregados en rebañar votos. El PSOE aprovechará la debilidad de la que parte la coalición de los partidos más a la izquierda, y el PP tratará de alentar su plan de recuperar a los votantes que se fueron con Abascal sacudiendo la promesa de una futura victoria electoral en España. A los populares, en cualquier caso, no les conviene contentarse con un gobierno de futuros pactos.

El problema es que de aquí a un mes el Gobierno de Pedro Sánchez puede verse envuelto en nuevos problemas, a la vista de la catastrófica sucesión de acontecimientos que ha venido padeciendo. La imagen es la de un gobierno fragmentado en dos, sin una estrategia de acción común sino más bien establecido en una tolerancia mutua. Y como a perro flaco todo son pulgas, los diversos apoyos parlamentarios del Ejecutivo se disgregan por distintas causas, sumando agravios particulares.

No cabe duda de que la economía está detrás de todo y que sus sombras no harán sino colocar piedras en el camino. Lejos está ya aquella hipótesis de un último tramo de legislatura espoleado por la gestión de los millonarios fondos europeos que, en un gobierno cuyo gasto se incrementa, terminan por ser un mero bálsamo presupuestario.

Los organismos internacionales ya advierten del riesgo de una nefasta tormenta perfecta, que sume el alza del precio de los alimentos, la escalada del coste de la energía y los problemas logísticos que sufre China, empeñada en su política de cierres masivos para contener la expansión de la variante ómicron del covid, a la que el resto del mundo ya apenas presta atención.

En definitiva, el pronóstico tormentoso en lo económico anticipa un periodo político agitado, en el que corremos el riesgo de que los gobiernos pongan más empeño en artificios de cara a la galería que a acelerar los ritmos y plazos de los proyectos industriales que hay sobre la mesa.

Sirva como ejemplo lo que sucede en Asturias. La marcha de Danone puede terminar comiéndose, en los ataques de los partidos de la oposición, el rédito obtenido por el Gobierno regional por otras inversiones prometidas. No hay que olvidar que el plan de futuro de Arcelor es, en realidad, el principal pilar de garantía industrial de Asturias, pero no constituye el único maná necesario.

La perspectiva demográfica, que irá ganando protagonismo en el último año de la legislatura del gobierno de Barbón, se convertirá en un elemento que resultará difícil esquivar, y sobre el que orbitará gran parte del discurso político en las próximas elecciones. No tanto por el abismo psicológico de una región con menos de un millón de habitantes como por las perspectivas sociales y económicas que permiten entrever las proyecciones estadísticas.

Por eso, lo que menos conviene al Gobierno es enfangarse en tramitaciones atascadas o sensación de desbordamiento, porque solo por la fuerza de los hechos podrá combatir un clima adverso que recorrerá el país invitando a un cambio de ciclo político. Por mucho que el PSOE se sienta más fuerte aquí que en otras regiones, las borrascas resfrían a todos. Desde luego, son más peligrosas que cualquier enredo sobre agendas generado por la falta de claridad inicial (¿no era más sencillo decir que la Ministra no había invitado a nadie en su visita al Acuartelamiento Cabo Noval?) antes que por evitar una fotografía, lo que sería del todo una estrategia absurdamente pueril e intrascendente.

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