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Francisco Garcia Perez

Lo que hay que oír

Francisco García Pérez

Desde Santurce a Bilbao

Cuatro píldoras y un palíndromo

Monumento a la sardinera en Santurce.

“Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla, con mi saya remangada, luciendo la pantorrilla”, reza la letra de la tonada de Jesús Arias que popularizaron “Los Bocheros”. La preposición “desde” marca la localidad de partida de la afamada sardinera. Y su congénere “a”, el destino. Todo correcto, pues. Todos nos entendíamos, oyes. Tirábamos de Diccionario: “desde” denota el punto, en tiempo o lugar, de que procede, se origina o ha de empezar a contarse una cosa, un hecho o una distancia: desde la creación; desde Madrid; desde que nací; desde mi casa. También sirve para introducir la perspectiva, el enfoque, el aspecto o la opinión que se expresan: desde la perspectiva histórica; desde mi punto de vista… Así estaban las cosas cuando llegaron los anglos a instruir a nuestros políticos para que discutiesen desde la solidaridad, desde la amistad, desde la discrepancia, desde la ignorancia… Ya no somos solidarios, amigos, discrepantes, ignorantes… Ahora somos desde. Y el pueblo llano corrió a copiar la nueva bobería. Así que, como la cosa está achuchá, la mies es poca y los parados muchos recite usted: “A pesar de las lógicas discrepancias, apuesto desde el entendimiento, desde la pluralidad y desde el diálogo por un proyecto que dará respuesta…” Seguro que le dan un cargo o una comisioncita o una mordidilla o una poltronaza.

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El mal uso del adjetivo “sendos” ataca de nuevo. Titular: Dos minas navales de Ucrania amenazan el tráfico en el Bósforo. Sumario de la noticia: Turquía desactiva en sus aguas sendos artefactos en apenas tres días. Como el adjetivo “sendos” significa uno cada uno o uno para cada uno de dos cosas, la cosa va a ser que ahora Turquía tiene solamente un par de aguas, en cada una de las cuales se desactivó una mina. ¿Error gramatical, error geográfico? Error.

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Antes de salir a la calle, revisión: en orden el DNI, la tarjeta ciudadana, el permiso de conducir, el del seguro, la viñeta renovada, la nueva pegatina Eco, la de residente para aparcar, la reserva de plaza en QR para el teatro, el certificado de trivacunación, las tarjetas de los supermercados y otras tiendas, las del banco, los papeles de Brel… Como decía alguno, a mí no me ponen la vacuna, porque con ella me introducen un chip para saber siempre dónde estoy. Ay, qué risa.

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Me entrevista para “Clarín” y me regala José Luis Argüelles –poeta, periodista, antólogo y mil cosas buenas más– su “El callejón de las fieras” (“Prosas de aquellos años, 2012-2016”), colección de artículos publicados aquí mismo. Como Argüelles sabe mucho y lo sabe bien, me lo paso bárbaro leyendo en formato libro lo que antes leyera en formato periódico. Se discute mucho si una reunión de columnas es una labor inútil (ya las he leído, se dice) o un gozo (todas juntas cobran aún más sentido, se opina). Al haber yo mismo dado a la imprenta tres antologías de mis artículos, excuso con los hechos el decantarme aquí. El libro de mi colega es glocal (global+local), como quería Juan Cueto Alas: líneas sobre Nacho Vegas, Vázquez Montalbán, Charlie Parker… o títulos que incitan a leer: “Huevos verdes con jamón”, “La película asturiana”... Lo importante, creo, es que sea bueno. Argüelles hace verdad las palabras de Joseph Roth: “Un periodista puede ser, debe ser, un ‘escritor del siglo’. La verdadera actualidad no se limita a veinticuatro horas; concierne a la época, no al día”.

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Amén al crítico Carlos Boyero (solo un mes mayor que yo): “Tengo un grave problema cuando alguien me pregunta los títulos de mis películas favoritas de los últimos tiempos… No me acuerdo… Pero no siempre fue así. Tal vez sea que he perdido la capacidad para disfrutarlo. O que la mediocridad y la nadería se están convirtiendo en norma”.

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No se le olvida a mi amigo invisible enviarme su palíndromo semanal: “Líame ese e-mail”. Digamos que 14 caracteres.

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