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JC Herrero

¿De qué te ríes?

El uso terapéutico del cannabis

Con apenas diecisiete años, embarcado en una nave que hacía trayectos entre el norte de África y la península, nadie te cuestionaba tomar un cubalibre, una copa de más o fumar en pipa. Era muy de hombres y estaba bien visto.

Algunos compañeros con los que compartía camarote sacaban de su chistera un tabaco diferente que yo desconocía, lo liaban: una calada y al poco tiempo empezaban a tomar a risa cualquier expresión. No llegaba a comprenderlo, algo me retenía a imitar aquel subidón. No salí del Winston, que llegaba semanalmente a la base naval de Rota. Tuve miedo al cannabis.

Hablamos de los años setenta. La marihuana ya viajaba por aquellos circuitos con la misma facilidad que los cartones de tabaco, el wiski y los mecheros “Zippo” de Pensilvania, cuyo precio de extranjis en la marina era muy asequible por la bahía de Cádiz, en Rota.

De aquella quinta quedaron por el camino unos pocos camaradas tras hacer de la risa un ritual que fue a más. Nos pillaba muy jóvenes. Esa era la cara más débil de una antropología variable, poliédrica y social, ahora en boga.

No es menos cierto que el tabaco o el alcohol confinan nuestra voluntad y salud. Para prueba están las estadísticas que no son discutibles, ahora más al feminizarse los consumos, puesta en praxis la “igualdad” de género. Las camas de los hospitales no engañan.

Como estamos curados de espantos y sobre todo de estadísticas viendo cómo echamos a la espalda el saldo de víctimas del coronavirus, pues adelante todo comercio es bienvenido, la parte medicinal nos abre un buen melón.

El cannabis es un poliedro interpretativo, con tantas caras como los compuestos químicos que contiene, próximo a quinientos, que se dice pronto.

La cara poliédrica más fuerte es la económica. Así lo determinan sentencias de la justicia europea que da vía libre a comerciar el cannabidol CBD, una variante más amable que el tetrahidrocannabinol o THD, que es droga según la Convención.

Con esa amabilidad económica ahora en debate parlamentario hacemos más país. Prometen hasta cien mil puestos de trabajo echando andar el cannabis medicinal. Visto así ¿quién se resiste?

Se fijan en los mismos países avanzados que legalizan el cannabis, pero a la vez prohíben el tabaco de forma recalcitrante. Es toda una contradicción.

–¿De qué te ríes? –preguntamos, y no tuvimos respuesta. Silencio.

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