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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Una sesión de muerte

Fui al cine a primera hora de la tarde de un martes, después de comer con un amigo. Entré comenzada la película y ocupé mi asiento sin hacer ruido alguno, para no molestar al resto de los asistentes. Advertí enseguida que eran cuatro (tres hombres y una mujer) distribuidos por la sala como cuatro garbanzos sueltos en una sopa de cocido. La mujer se hallaba cuatro filas delante de la mía, en una butaca que me permitía observar su perfil, que no era otro que el de mi madre muerta. La observé con impertinencia en la esperanza de que se volviera y me permitiera comprobar si de frente seguía siendo ella. Pero la verdad es que estaba como ida. Me fijé entonces disimuladamente en los demás espectadores y me parecieron cadáveres también. Atendían a lo que sucedía en la pantalla, sí, pero de un modo neutro, estático, no sé, como si sus cuerpos carecieran de alma.

Me pregunté si me había colado por error en una sesión especial para difuntos y si yo mismo habría sufrido un infarto fulminante, del que ni siquiera me hubiera dado cuenta. No me pareció raro que lo primero que se me ocurriera, una vez fallecido, fuera ir al cine. Me he refugiado en él toda la vida, de modo que tengo el hábito muy arraigado. No logré interesarme por la película, claro, bajo aquella atmósfera funeraria. Me impresionaba la soledad de los muertos, especialmente la de mi madre, cuyo perfil veía levantado hacia la pantalla con una atención vacía. Los muertos abandonaron la sala cuando aparecieron los créditos, de modo que no puede seguir a la mujer para confirmar su identidad. ¿Por qué no me levanté yo también? Jamás lo hago. Tengo la superstición de que sucederá algo malo si no asisto a la proyección completa del film.

Salí a la calle trastornado y tomé el metro para volver a casa. A preguntas de mi mujer, le dije que había estado en el cine.

–¿De qué iba la peli? –preguntó.

–No lo sé porque me dormí –respondí.

–¿Y qué soñaste?

–Soñé que había entrado por error en una sesión especial para muertos en la que estaba mi madre.

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