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Ramón García Cañal

¿Más restricciones al CO2 en Europa?

La descarbonización de la economía debe estar coordinada de manera global

La agencia Internacional de la Energía calcula que las emisiones mundiales de CO2 en 2021 se han incrementado hasta los 36.300 millones de Tm con un crecimiento respecto a 2019, año anterior a la pandemia, en torno al 8% ante lo que, velozmente, el Parlamento Europeo anuncia endurecer aún más las restricciones a partir de 2030 en su desaforada lucha contra el cambio climático. ¿Hasta qué punto estas nuevas limitaciones afectarán a la economía europea y a la competitividad de nuestras industrias? ¿Se ha analizado el porqué del aumento y las medidas más eficaces a adoptar para corregirlo?

Me da la impresión que esta carrera europea por pretender ser los mayores luchadores contra el cambio climático carece de una perspectiva de análisis de las causas que lo producen y de las medidas para combatirlo y, menos aún, de las consecuencias que repercuten en nuestra economía viendo la pasividad que muestran muchos países que, aunque firmantes de los acuerdos de Kioto, París, o lo que sea menester, en la práctica hacen caso omiso a los mismos y anteponen su desarrollo a cualquier limitación o restricción.

El caso más significativo es el de China que con el 33% de las emisiones mundiales ha mantenido en estos dos últimos años crecimientos medios del 3% y, ante estos incumplimientos conocidos y demostrados, no deja de sorprender las melifluas críticas de las organizaciones ecologistas y promotores de medidas cada vez más duras con los que sí cumplen. Exigir que se extremen las restricciones en la UE o en los EE UU que respecto a 2019, año de la pandemia, han continuado reduciendo sus emisiones en un -2,4% y -4% en 2021, o que en la primera década de este siglo los países de la Unión suponían del orden del 12-14 % mundial y, tras la aplicación de las medidas acordadas, se han reducido a un 7% alcanzando niveles de 1990 (30 años atrás), parece más que excesivo cuando, por el contrario, el resto de países las han incrementado hasta un 64%.

El “impuesto” al CO2, casi exclusivo en la UE, ha hecho que nuestras industrias hayan pagado decenas de miles de millones de euros disminuyendo sensiblemente su competitividad y beneficios con riesgo permanente de deslocalización hacia países que, ni aplican restricciones, ni mucho menos exigen impuesto alguno. El resultado de todo ello no es otro que los mayores generadores de emisiones siguen incrementándolas a costa de nuestras reducciones, y en 2021 el crecimiento en el planeta ha aumentado en 2.000 millones de nuevas toneladas.

¿Qué es entonces lo que se puede hacer desde la UE para forzar a los países que no han adoptado medidas restrictivas eficaces y conseguir que esta lucha contra el cambio climático sea efectiva? ¿Es eficaz para el planeta incrementar aún más la presión a quienes suponemos el 7% mundial y hemos cumplido objetivos, o se conseguirían mejor aplicando medidas de presión a las importaciones de aquellos países que los incumplen y no han adoptado restricciones similares a las que padece la industria europea? ¿Es eficaz para el planeta cerrar las centrales de carbón en España para comprar la electricidad producida en Marruecos en la térmica de Safi inaugurada en 2019 o la de Nador para 2023, que suponen entre las dos más MW y más emisiones que las que se han cerrado o van a cerrar en España y no pagan por ello?

La lucha contra el cambio climático debe abordarse a nivel global, con planteamientos y medios que eviten escaqueos de los acuerdos de las cumbres del cambio climático que salen gratis y que, a su vez, defiendan nuestra economía. Pero también sobra mucho postureo demagógico como el ocurrido en la última cumbre del COP26 en Glasgow a la que buena parte de los dirigentes mundiales y las grandes “fortunas solidarias con el medio ambiente” acudieron prestos a figurar desde sus jets privados.

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