Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Vidal Gago Pérez

Se sigue escribiendo con gris

Sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado

“En España libertad se escribe con gris”

Pintada en la calle Paulina Harriet (Valladolid, 1978)

No podía imaginar el anónimo ensuciador del espray cuánta razón tenía cuando plantó su lema frente a la entrada principal del Colegio de Lourdes. Tampoco pudo prever que su acierto llevara el sentido contrario de lo que proponía. El color gris referido era el de los uniformes de la Policía Nacional, aquélla que se las estaba teniendo tiesas con los obreros de Fasa-Renault y que había dado soporte al cierre de la universidad vallisoletana en las postrimerías del franquismo, haciendo perder el curso a miles de estudiantes. Incluso se había hecho popular una gracieta con la que exhortaban a los manifestantes refugiados en bares o portales mientras blandían las porras: ”Vayan saliendo en grupos impares de menos de dos”.

Junto a aquélla apareció poco después otra pintada: “Sastre a Moscú”, que dudo que incluyera la coma del vocativo. Jesús Sastre era uno de los Hermanos de La Salle que regían por entonces un colegio en el que las posiciones aperturistas de los más jóvenes venían a marcar las líneas educativas del centro. Ya había habido roces con algunos padres, el más sonoro de los cuales se dio en el salón de actos durante un debate con motivo del referéndum de la nueva Constitución en el que participaba entre otros el Partido Comunista. También hubo pasquines con una imagen de Jesucristo llamando a la puerta del Congreso a cuyo pie se leía un versículo de San Mateo: ”El que no está conmigo, contra mí está”. El razonamiento binario presente también ahora en las diatribas parlamentarias.

En el abril siguiente un excolegial socialista ganaría las elecciones municipales de la ciudad y sería sucedido por otro exalumno, éste del Partido Popular. Las urnas que se colocaban en dependencias de aquel centro custodiadas por uniformados fueron mandatando a unos y otros en los comicios locales, regionales o nacionales. Los sufragios se ejercían con naturalidad entre el gris de los policías, o el marrón al que viró posteriormente y después el azul.

Mientras tanto sus compañeros de la Guardia Civil han seguido fieles al verde, como aquellos que en otoño de 2017 fueron llamados a defender el orden constitucional. Tuve el honor de ser invitado por la Comandancia de Gijón a acudir a la celebración de su patrona aquel año, pocos días después de la celada separatista en Cataluña. Con presencia de (casi) todos los grupos políticos municipales fue un acto emocionante y se recordó a aquéllos de los suyos a quienes se les había enviado en condiciones lamentables a salvaguardar los derechos y libertades de todos nosotros, muy especialmente de los ciudadanos que allí residen que los ven pisoteados repetidamente. Tan precaria fue su situación que se asemejaba a la marcha del Cid al destierro, cerrados los mesones a piedra y lodo, como cantó el mayor de los Machado, sin que quien debió impedir aquello forzara un albergue digno.

Así seguimos y la niña triste que le anunciaba al Campeador que “no os osaríamos abrir ni acoger por nada” nueve siglos después vive en Canet de Mar, atemorizada por quienes la acosan pues sus padres piden que se cumpla una sentencia que apenas le concede unas pocas horas de castellano en sus clases. Igualmente maltratados y despreciados se sienten ahora nuestros policías y guardias civiles cuando se les llama piolines –qué buenos vasallos si oviessen buenos señores– y deben apretar los dientes y tragarse la rabia.

Alguien debería recordarle al presidente de nuestro gobierno la disposición de los colores en el círculo cromático. En éste, el rojo de su partido está separado de la gama de los verdes de la benemérita por la de los amarillos, los mismos que los totalitarios lucen en sus lazos, o en sus plumas el canario pintado en aquel barco de infausta memoria. Girando en sentido contrario se tropezará con el de los morados antes de llegar a los azules de los policías nacionales, aunque ésa sea otra historia. Sea cual fuere el tinte que vistan –verde, azul u otro– esas mujeres y esos hombres cuya abnegación se pone a prueba diariamente, seguirán contribuyendo a escribir hermosas páginas de libertad. Y si lo determina la superioridad también con gris, que no es sino una mezcla de los tres colores primarios.

Compartir el artículo

stats