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José Carlos Díez

José Carlos Díez

Profesor de Economía

Asturias tiene futuro

Claves para que el Principado rompa con seis décadas de declive

Hace unos días tuve el honor de participar en la quinta edición del Asturias Investor Day. Eva Pando, la directora del IDEPA y moderadora, me pidió acabar con una frase mi intervención. Dije que el futuro es ilusionante y el pasado es incierto: Asturias tiene futuro. En el evento había nuevos proyectos que irradiaban ilusión y ese ecosistema de startups –jóvenes empresas con alto contenido tecnológico– hay que fomentarlo, mantenerlo, apoyarlo y, sobre todo, hacerle crecer. Pero nadie sigue a un club de fútbol por tener una buena cantera, sino por el liderazgo de su primer equipo.

Asturias necesita, sobre todo, apoyar su estrategia de desarrollo en los empresarios innovadores que ya han demostrado sus habilidades de gestión, crean empleo con su ambición por crecer, especialmente fuera de España. Por aquellos que hacen que esos empleos tengan unos salarios cada vez más elevados, porque la productividad también lo es, lo que permite atraer el talento joven que cada año sale de las universidades y los centros de formación profesional asturianos.

Asturias, al igual que el resto de zonas industriales del norte de España, tienen sensación social de declive. Pero los datos nos enseñan que el declive comenzó en 1960. Asturias se benefició de una estrategia franquista de sustitución de importaciones que protegía a la industria nacional. El resto de España tenía que comprar bienes con menor tecnología y más caros. Cuando Franco se vio forzado a pedir un rescate al FMI, le obligaron a liberalizar la economía y desmontar la extrema protección arancelaria. En ese momento España comenzó a crecer y no ha parado hasta hoy.

Asturias también ha mejorado significativamente desde el Plan de Estabilización de 1960. Mi abuela nació en Corondeño, Concejo de Allande, y yo he comprobado desde mi niñez ese progreso. Pero el Principado ha crecido menos que el resto de España y de Europa.

El mayor déficit es de empresas medianas y, paradójicamente, es la gran oportunidad. Tan sólo 0,5% empresas asturianas tienen más de 50 trabajadores, la mitad del promedio europeo y una cuarta parte de Alemania. La tasa de paro en Asturias es del 10% y hay, según la última Encuesta de Población Activa, unos 50.000 desempleados. Con unos 25.000 nuevos trabajadores bastaría para llegar al pleno empleo. Bastarían unas 100 empresas que pasaran de 50 a 250 trabajadores para conseguir el pleno empleo en Asturias. Y si esas empresas se convierten en multinacionales y arrastran a sus proveedores locales por el mundo bastarían unas 50 empresas. El otro objetivo es que sean empleos con mayor innovación y mayor productividad para aumentar los salarios, especialmente de los jóvenes.

¿En que sectores está la solución? Como nos enseñó el economista Joseph Schumpeter, “la innovación es un mar que no sale en los mapas”. Es posible que el otro día en el Investor Day estuviera el sucesor de Amancio Ortega y cree otro Inditex en Asturias. Pero es más factible apoyarse sobre las empresas y sectores que ya están haciendo cosas diferenciales y tienen un gran potencial para crecer de forma sólida –y las hay, con resultados extraordinarios– y concentrar la política industria y tecnológica en ellas.

Arcelor con su nuevo centro de innovación en Avilés, Central Lechera por su liderazgo nacional en comida saludable, TSK con su expansión internacional en ingeniería e instalación de energías renovables, o todo el ecosistema del metal que está liderando proyectos a escala global desde la región.

Esas empresas tractoras tiene un ecosistema de proveedores que ya han pasado su test de eficiencia. La globalización ha hecho el mundo más pequeño. Es muy probable que si pueden vender a esas empresas, puedan hacerlo en cualquier país del mundo. También hay empresas tractoras de fuera que saben valorar la competitividad de las empresas asturianas. Iberdrola confía en el grupo Daniel Alonso. Windar es uno de sus principales proveedores en eólica marina. E IDESA produce sus tanques de almacenamiento de hidrógeno verde. Tras la invasión de Ucrania se va a acelerar la transición energética y los puertos de Avilés y de Gijón deben ser polos industriales.

Asturias también puede tener campeones digitales. Un ejemplo es el Grupo Izertis, pero también las compañías tecnológicas que están en los parques tecnológicos de Gijón y Llanera, y que ya están operando para grandes compañías nacionales e internacionales.

La región debe aspirar a atraer nómadas digitales que complementen ese ecosistema innovador. Profesionales de alta cualificación que vienen a vivir y trabajar de forma temporal, en búsqueda de empresas a las que aportar su conocimiento. Y en esto, Asturias puede ser diferencial porque tiene un atractivo muy relevante para estos perfiles: mar, montaña, deportes, empresas punteras y con potencial, calidad de vida elevada, y qué decir de su gastronomía…

Asturias tiene capital, humano y social, salarios excesivamente competitivos, buena conectividad aérea y pronto ferroviaria. Tiene los fondos europeos que son una oportunidad histórica para desarrollar estos nuevos empleos. Solo falta creérselo y centrar el foco en esas empresas y en esos empleos.

Como nos enseñó el filósofo Herodoto: “tu estado de ánimo es tu destino”.

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