La renta de la mitad de los adultos asturianos proviene de las arcas públicas, vía subsidios o jubilaciones. Funcionarios y pensionistas superan en número a los trabajadores del sector privado. La región pasó de depender de las empresas estatales a hacerlo de las prestaciones. A nadie puede escapársele que va a resultar imposible sostener en el tiempo una autonomía de este perfil, el resto se le echarán encima intentando desprestigiarla como mendicante. ¿Qué puede hacer Asturias para atraer riqueza? En primer lugar, tener una Administración cómplice con las empresas, que facilite la consolidación de iniciativas, arrastre otras de fuera y resuelva en tiempo y forma los proyectos. Lo conseguido con Amazon o ahora con Mittal no puede suponer la excepción. Ahí tiene un reto el Principado.

Una empresa innovadora de equipamiento deportivo implantada en una aldea y volcada en el comercio exterior está a punto de perder una subvención para ampliar sus instalaciones porque no acaba de llegarle la licencia de obra. Tanto el organismo que otorgó el dinero como el que retrasa el permiso dependen del Principado. Un grupo hostelero del Oriente con un nuevo negocio listo para arrancar lleva meses esperando autorización. Una normativa enredada, superpuesta y confusa impide ejercer en la zona rural la actividad comercial que persigue. A otra fábrica agroalimentaria puntera le costó meses que un municipio colocara una bombilla en el camino de acceso a sus instalaciones y aún no ha conseguido una conexión a internet a pesar de que sus clientes son internacionales.

Multitud de emprendedores podría narrar cientos de experiencias surrealistas igual de desesperantes. Esos valientes que luchan contra gigantes echan de menos alguien que les acompañe para adentrarse en la selva, que controle los tiempos y coordine el bombardeo de trámites de las distintas instancias, la mayoría vasos incomunicados de una misma administración. La cita previa llegó como recurso de emergencia y se ha instalado definitivamente en muchos frentes a modo de filtro inexpugnable aun cuando los mostradores estén vacíos. El “vuelva usted mañana” en versión moderna. Todo tiene un límite, y el de la burocracia está cerca.

Los dirigentes alimentan un monstruo inmanejable de extremidades anquilosadas por su propio tamaño que solo engorda. En especial cuando asoman por el horizonte periodos electorales y las ofertas de empleo de ministerios y consejerías surgen por millares. Lo peligroso de este clima es que se contagia y acaba por cronificarse. 

LA NUEVA ESPAÑA reunió la pasada semana en la sede del periódico a los portavoces parlamentarios para hacer balance de la legislatura. Paradójicamente, era la primera vez que los siete se sentaban juntos para hablar de Asturias fuera de la Junta. Si los lectores hubieran podido asistir en directo al encuentro habrían recibido una enorme sorpresa. Sin necesidad de escenificar desde el escaño un rol predeterminado, ni de repicar consignas, ni de insistir en mensajes para fidelizar a la clientela, apenas existían distancias. Y absolutamente todos insistían en la conveniencia de un pacto para una década que impulse el crecimiento y mitigue los desajustes poblacionales.

De cada 100 asturianos, únicamente 38 asumen funciones productivas y hay tantos trabajadores en el sector privado como jubilados, lo que revela un nivel de renta que no se corresponde con el rendimiento real de la economía

Los partidos se han transformado de cara a la galería en máquinas de obtención de votos antes que en cauces para la resolución de problemas. Urge revertir esta forma de ejercer la política. El momento es decisivo y las perspectivas, poco halagüeñas. La UE ha dado al Gobierno central el primer toque por el elevado desempleo, un endeudamiento desmesurado y unas pensiones imposibles de revalorizar al ritmo de un IPC galopante. De cada 100 asturianos, únicamente 38 asumen funciones productivas. Hay tantos trabajadores en el sector privado como jubilados. El área metropolitana figura entre las zonas más ricas de España y con menos empleos. Esta fotografía en nada nos favorece. Revela un nivel de renta artificial mediante dopaje que no se corresponde con el rendimiento real de la economía.

Desequilibrios tan severos solo se revierten con riqueza. La empresa y los empresarios no son, pues, el enemigo, sino la palanca esencial para contribuir a la prosperidad. El compromiso de aplicar la máxima celeridad en los expedientes ajustándose a la ley contribuyó al desembarco en Siero de la principal firma mundial del comercio electrónico. El acuerdo sellado en Davos con Arcelor para ampliar la descabornización de sus plantas de Gijón y Avilés es un ejemplo de receptividad hacia los inversores que marca un camino.

Hay mimbres para crecer, ideas valiosas a desarrollar y personas con energía dispuestas a lanzarse. Basta con seguir la serie “Asturianos” que iniciamos hace cuatro semanas para contrastarlo. Si en vez de matar las ganas de quienes arriesgan aburriéndoles a vueltas y dilatando los procesos, alguien se molestara en simplificarles y allanarles la travesía, Asturias rompería todos los techos.