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Fernando Canellada

Una vida de trabajo, una voluntad de acero

La noticia de la muerte de Gento me produce un profundo pesar. Son demasiadas las imágenes y recuerdos que se agolpan a lo largo de una vida en la que siempre ha estado presente en el universo familiar. En el principio su personalidad y profesionalidad como taxista fueron una referencia constante y presente en Nava. Después llegaron años inolvidables en que Gento se hizo un hueco en Prau Picón con sus hijos Ángel Manuel y Carlos, en el Colegio del Seminario; en otro tiempo lo vimos con deportividad como padre de ‘Pani’, el portero del equipo juvenil. Genio y figura animando, sufriendo y disfrutando con el Europa de sus amores; y en los últimos años de la vida de mi padre, asistimos al nacimiento y despegue de Transinsa. En esta última hora me gustaría recordar al Gento que tantas veces vimos fuera de la empresa y de los negocios; en la balaustrada del viejo Grandiella, sufridor y acalorado espectador; en la cafetería Avenida, donde nos cruzamos cuando salía de jugar su partida de tute y se le veía con muchas ganas de vivir; o en el coro San Martino, con el que cantaba aquel mes de julio antes de la pandemia, el día de la Virgen del Socorro en Vegadali.

Emociona hoy el recuerdo de ese Gento que se arrancaba, a la mínima, a entonar tonada, con la que disfrutaba, ya fuera en el centro de salud o en el bar; el hombre unido perpetuamente a Araceli, a la pasión por sus hijos y nietos, y por su huerta de Priandi.

Gento, leal con sus leales y admirado por los que le contemplaron levantar su obra, era hombre del pueblo, espontáneo y tan sinceramente asturiano que se definía del Oviedo y del Sporting. En los últimos años, acreditada ya su reputación empresarial, fue feliz y pudo recoger numerosos reconocimientos profesionales y sociales por lo mucho que había bregado. Hasta que la enfermedad se cruzó en su camino, pudo disfrutar con una tranquila y desahogada jubilación, después de toda una vida de trabajo entregado al volante y forjado, a fuego vivo, con una voluntad de acero que no dejaba indiferente. Con él no era posible perder de vista la pasión en todas sus labores. Pragmático, claro y trabajador infatigable, resistió dos infartos y prefirió gastarse antes que apagarse. Los clásicos consideran que los nombres condicionan la personalidad. Así creo que Gento, al igual que la legendaria figura del Real Madrid, ha sido una estrella en el largo e intenso partido que le ofreció la vida. En su sencillez, con las raíces en Bimenes y el alma en todas partes, lega un árbol frondoso que sobresale en Asturias. Hoy le hubiera gustado mucho comprobar que miles de personas, entre las ambulancias de Transinsa, se agolpan en Nava para transmitir las condolencias a Araceli y a sus hijos. Su recuerdo nos acompañará siempre.

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