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La Nueva España

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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Déjense de cuentos

Recurrimos con frecuencia a la complejidad para magnificar asuntos en los que apenas hay sustancia. De Putin, por ejemplo, se asegura que es un hombre complejo y representante, por si fuera poco, de las complicaciones del alma rusa, que tan bien conocemos por su literatura. Un hombre complejo, añaden algunos, al que Occidente no acaba de entender. Al leer esas afirmaciones, pero sobre todo al aceptarlas, ponemos en suspenso una evidencia: la de la brutal invasión de Ucrania. Algunos analistas predican que la ha invadido, el pobre, forzado por las circunstancias (las circunstancias somos usted y yo). Es cierto que los soldados de Putin violan a las mujeres y a los niños, a quienes luego rematan delante de sus familias o se los llevan a Rusia para esclavizarlos. Es cierto que sus misiles están destruyendo pueblos y ciudades enteros, que donde antes había parques y bibliotecas y mercados, cuando no simples bloques de bloques de viviendas, ahora hay escombros. Tenemos memoria del primer día de la invasión y de las mentiras que la precedieron. Pero llega de súbito un historiador, coloca todos esos crímenes al servicio de una supuesta complejidad del alma rusa de Putin y caemos como idiotas en la trampa.

Las cosas, nos decimos entonces, no son lo que parecen. Pero sí lo son: son tal y como nos parecen. No hay complejidad moral alguna detrás de los grandes asesinos. Al contrario, todos ellos son víctimas de una simplicidad atroz. Hitler era simple, Mussolini era simple, Franco era simple. No hay complejidad alguna en el hecho de irse a la cama y dormir a pierna suelta después de haber bombardeado un hospital infantil o un paritorio. ¿Les parece a ustedes mentalmente complejo el Bush que bombardeó a la población civil de Irak amparado en una mentira que repetía sin ruborizarse? ¿Les parece complejo el Aznar que se hacía eco de la consigna para darse el gusto de colocar sus zapatos en la misma mesa que su jefe natural? ¿Había complejidad moral en la ETA que hizo estallar una bomba en un supermercado lleno de familias que hacían la compra? Para nada: hemos visto a sus autores en el banquillo y parecían, desde el punto de vista mental, seres unicelulares, escasamente dotados para la metafísica. Tenían, como Putin, la expresividad de una ameba. Déjense, en fin, de cuentos.

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