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Luis M Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Tacticismos

En relación a las elecciones andaluzas, el PSOE se ha mostrado aparentemente satisfecho con que el Partido Popular haya frenado a Vox. Pero, a su vez, Pedro Sanchez ha pedido dejar a los populista de Abascal a un lado y cargar de ahora en adelante las tintas de una nueva campaña contra los populares con el fin de frenar su meteórico ascenso. Para ello cuenta con los audios secretos de la corrupción del comisario Villarejo y, aunque la matraca del franquismo esté bastante agotada, supongo que con algo más.

La política no se mueve en los criterios racionales, actúa por los impulsos demoscópicos. Los dos estilos o sistemas de juego que practica el PP en este momento le tienen, si nada lo evita, que conducir a un éxito dentro de esa gestualidad tan de moda que sustituye a los hechos. Es fácil resumirlo, con Feijóo/ Moreno Bonilla intenta pescar en el caladero del voto socialista de centro izquierda, y con Díaz Ayuso en el de Vox. El laboratorio ha sido Andalucía y ambas fórmulas han cosechado éxito. Las dos versiones no parecen incompatibles desde una visión táctica de conjunto. A partir de ellas se vislumbra una nueva y abrumadora mayoría, probablemente de un solo partido.

Los socialistas pretenden razonar la derrota por la falta de capacidad para transmitir todo lo bueno que están haciendo por España, algo que los españoles dada la penuria económica, la factura energética y no sé cuantas cosas más no consiguen asimismo explicarse. La otra cuestión que les aflige es la elección de unas malas compañías que los están lastrando en la opinión incluso de sus votantes. Si comunicar unos logros dudosos en la gestión resulta complicado, liberarse de los amigotes enemigos de la Constitución y de la integridad territorial les va a resultar todavía más difícil, teniendo en cuenta que dependen de ellos para poder agotar una legislatura que se está haciendo larga y penosa para los intereses del país.

En relación a las elecciones andaluzas, el PSOE se ha mostrado aparentemente satisfecho con que el Partido Popular haya frenado a Vox. Pero, a su vez, Pedro Sánchez ha pedido dejar a los nacionalpopulistas de Abascal a un lado y cargar de ahora en adelante las tintas de una nueva campaña contra los populares con el fin de frenar su meteórico ascenso. Para ello cuenta con los audios secretos de la corrupción del comisario Villarejo y, aunque la matraca del franquismo esté bastante agotada, supongo que con algo más.

La política no se mueve en los criterios racionales, actúa por los impulsos demoscópicos. Los dos estilos o sistemas de juego que practica el PP en este momento le tienen, si nada lo evita, que conducir a un éxito dentro de esa gestualidad tan de moda que sustituye a los hechos. Es fácil resumirlo, con Feijóo/ Moreno Bonilla intenta pescar en el caladero del voto socialista de centro-izquierda, y con Díaz Ayuso, en el de Vox. El laboratorio ha sido Andalucía y ambas fórmulas han cosechado éxito. Las dos versiones no parecen incompatibles desde una visión táctica de conjunto. A partir de ellas se vislumbra una nueva y abrumadora mayoría, probablemente de un solo partido.

Los socialistas pretenden razonar la derrota en la falta de capacidad para transmitir todo lo bueno que están haciendo por España, algo que los españoles, dada la penuria económica, la factura energética y la inflación no consiguen asimismo explicarse. La otra cuestión que les aflige es la elección de unas malas compañías que los están lastrando en la opinión incluso de sus votantes. Si comunicar unos logros dudosos en la gestión resulta complicado, liberarse de los amigotes enemigos de la Constitución y de la integridad territorial les va a resultar todavía más difícil, teniendo en cuenta que dependen de ellos para poder agotar una legislatura que se está haciendo larga y penosa para los intereses del país.

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