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La Nueva España

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Xuan Xose

Doña Mónica, don Pedro y la sombra de la Mancha

Populismos antisistema desde el poder

Mónica Oltra. EP

El episodio de doña Mónica Oltra ha sido de lo más chusco. Yo me he reído mucho. Y si ustedes no están muy llenos de prejuicios también lo habrán hecho, especialmente si fragmentan la historia de los últimos días en secuencias.

En la primera, doña Mónica se niega a dimitir tras haber sido imputada –investigada y acusada por sus adversarios y en las redes y rumores llevaba tiempo– por un tribunal. ¿Y dónde está la gracia del asunto? En que ella, y todos los de su cuerda, los de la justicia "a la mora" (vuelvan ustedes al episodio de Gaiferos y Melisendra en el Quijote), reclamaban de sus adversarios la inmediata dimisión, ya no cuando fuesen imputados (ahora, "investigados") sino, simplemente, cuando anduviesen en diligencias previas por la justicia o cuando fuesen señalados por el dedo acusador de la opinión. Pues bien, contrariamente a toda su trayectoria savonaroliana anterior, la propia y la de sus conmilitones, se niega a hacerlo ella. "¿Investigacionitas a mí?". Y podría haber dicho aquello que Cide Hamete escribió al cerrar la aventura de Alonso Quijano: "¡Tate, tate, folloncicos! De ninguno sea tocada".

La segunda escena es un baile. Doña Mónica y otros conmilitones bailan desaforadamente en la fiesta de Compromís, enviando un corte de mangas a la situación de doña Mónica, a sus prédicas anteriores y al presidente de la Generalitat, don Ximo Puig. Tres días después, tras unas declaraciones elípticamente censorias de don Ximo ("Yo no estoy para fiestas"), le envía a través de una rueda de prensa al Presidente un corte de mangas y su dimisión.

Ahora bien, lo notable, lo insólito, lo ablucante, lo delirante de su rueda de prensa no es eso, sino sus declaraciones. Su enjuiciamiento es para ella una conspiración de la derecha económica, mediática y judicial. "Esta historia pasará a la historia de la infamia política, jurídica y mediática de este país". "Me cuesta esta decisión porque ganan los malos". "Estamos dando el mensaje de que cualquier político que no apoye a los poderosos, se lo van a cargar con denuncias falsas, con guerra sucia en los tribunales, con mentiras". ¿Pero solo a ella? ¿No hay piezas más importantes en el tablero? ¿El propio Ximo Puig, por ejemplo? ¿Y se ponen de acuerdo jueces y fiscales para perseguirla? ¿Es simple demagogia política o demencia fabuladora? Eso sí, con la sonrisa, nos convoca la memoria de la Pantoja: "Dientes, dientes –decía esta–, que eso es lo que les jode". "Me voy con la cara bien alta, pero con los dientes apretados", asevera doña Mónica. Deberían usarlas como reclamo los odontólogos.

Pero supongamos que sea inocente o que salga indemne, que bien puede serlo. ¿No ha sido ella, junto con los suyos, la trompeta apocalíptica de la obligación de renunciar, más allá de la culpabilidad o la inocencia de la persona? ¿Tan importante se cree para suponer una confabulación universal solo por ser de izquierdas y ejerciente de Savonarola?

¿Y a qué viene aquí don Pedro? Pues a que, como hombre astuto que es y venteador eficaz de los aires del tiempo, se ha enganchado al discurso de doña Mónica de la conspiración. Así anunció el último paquete de medidas económicas: "Sabemos que la inflación está alta, pero este Gobierno sabe muy bien para quién gobierna. Sabemos muy bien que hay otros sectores que quieren mantener un ‘statu quo’ y unos privilegios. Pero eso este Gobierno no lo va a hacer, sabemos para quién gobernamos".

Ya ven, los dos luchando contra gigantes y vestiglos. Y ambos podría usar las palabras del manchego para proclamar su heroísmo, lo desaforado de sus enemigos y su servicio al bien y a los atropellados por la injusticia: "Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos... Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines".

¡Cuánto rinde la retórica de David contra Goliat! Aunque, cada semana, el cercado ocupe una nueva institución (CNI, CSIC, INDRA, INE…) o se prepare para ello (Constitucional), a fin de asentar allí, si no sus reales, sus fieles y sus poderes.

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