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Virginia Gil Torrijos

Activismo cultural

En recuerdo de los recientemente fallecidos Marisa Fanjul y Carlos Sierra

Como dice mi querido amigo el escritor Manuel García Rubio "cada vez apuntan más cerca". Será que envejecemos, o que en general envejece la población de esta parte de España. Pero el caso es que, poco a poco, Asturias va perdiendo grandes iconos del activismo cultural. Acaba de fallecer la mítica Marisa Fanjul, bailarina, coreógrafa y un auténtico icono en Asturias. Ayer lo hizo el pintor Carlos Sierra. Están siendo tiempos oscuros, y no solo por la lluvia y la bruma en el Norte que no da tregua al sol. Todo está siendo gris. No sé si esto pasa desde el covid, si es solo sugestión, o es que, en realidad, todo es más triste. Y en verdad te apuntan y te apuntan cada vez más cerca.

Hace meses que no veía a Marisa, el verano pasado aún fuimos de excursión por Barrios de Luna, a comer empanada frente al pantano. Ella planeaba retomar sus tertulias. Hoy ya no está. Hasta hace poco en mi "whats" aún aparecía la foto de Conchita Quirós en una instantánea con molinos holandeses como telón de fondo. A Conchita yo la quería mucho (va para dos años) y le debía mucho. A ella y a Susana Tejedor. A Susana aún la quiero (acuérdate de llamarme, guapi) y aún las espero encontrar cada vez que traspaso el umbral de la Librería Cervantes. Apuntan cerca y más cerca. Este fin de semana el Orfeón Condal de Noreña hacía un pequeño acto de homenaje con un miniconcierto a los componentes y directivos fallecidos en los dos últimos años, entre ellos: mi padre. Eso del activismo hay gente que, inevitablemente, lo llevamos en las venas. Mi abuelo Torrijos, mi madre, mi padre… todos directivos y fundadores de bastantes asociaciones; y después, esas grandes personas que he tenido el privilegio de conocer. El activismo cultural no se puede evitar. Te agita. Pero solo cuando uno desaparece parece que el trabajo silencioso se evidencia y el entorno nota los huecos.

El concepto de Cultura es un concepto difícil de perimetrar, ya que sus límites son difusos. Así, si buscas "Cultura" en Google, como quién busca "Mundo" o busca "Vida", aparecen inmensas acepciones, tan amplias y extendidas que rayan lo inabarcable. Con "cultura" hay aproximadamente 3.470 millones de entradas: un inmenso océano digital, que cuentan todo un universo real y también metavérsico (si existiese esa palabra, la de metavérsico, en la RAE) porque creo que cada individuo tiene sus propios parámetros referenciales para definir el concepto y seguro están basados en su experiencia vital y social. Aunque, de todas las definiciones, que he leído la que más me gusta es la que en su día expresó la cantante argentina Mercedes Sosa. Dice Mercedes: "La cultura es lo único que puede salvar un pueblo, lo único, porque la cultura permite ver la miseria y combatirla. La cultura permite distinguir lo que hay que cambiar y lo que se debe dejar, como la bondad de la gente, el compartir una empanada, un vino...".

Vivimos cada vez en un mundo desorientado que ha perdido sus referencias individuales y colectivas y, que poco a poco, se está convirtiendo en un lugar extraño, hostil, incómodo y terriblemente agresivo. Este mundo y en particular este país, parece mutar a pasos agigantados hacia una selva de ferocidad extremadamente cainita, donde el hombre es cada día más lobo que nunca para el hombre y donde la generosidad y esa bondad son valores totalmente denostados. Llámenme soñadora, pero creo que la cultura debería servir, sobre todo, para eso, para intentar cambiar un poco esa tendencia, y cambiarla intentando simultáneamente entender cada día un poco más un mundo complejo y desencajado y también respetar y valorar a los que antes de nosotros o coetáneamente, han intentado buscar o incitar hacia la reflexión a sus congéneres y focalizarlos hacia el conocimiento, la sabiduría y también hacia la belleza o a la empatía humana. Y de ese modo, hacer un pequeño cortafuegos que resista a todo aquello que es insano. Por ello, veo la necesidad del arte, en todas sus variantes, como la forma más válida para resistir, para sacudirnos el alma y para encaminarnos a la verdad de la justicia (no sé si poética). Dice Borges en el poema "Los justos":

"Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire./ El que agradece que en la tierra haya música./ El que descubre con placer una etimología./ Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez./ El ceramista que premedita un color y una forma./ El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada./ Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto./ El que acaricia a un animal dormido./ El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho./ El que agradece que en la tierra haya Stevenson./ El que prefiere que los otros tengan razón./ Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”

Yo añadiría: la que se mece como un cisne elegante en su danza de ensueños, también ha salvado, o ha intentado salvar el mundo. Gracias por la utopía. Gracias por ello a Marisa. Gracias a Carlos, a Conchita y a tantos y a tantos que ya no están. Es difícil nombrarlos a todos. Y, gracias también a los míos. Gracias, por lo menos, por intentarlo.

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