Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Luis M Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Verdad y mentira

Puede que la verdad resulte relativa y convencional. La mentira, en cambio, no exige ser interpretada de la misma manera. Es más fácil mentir que ser veraz. La mentira es más amplia y maleable, mucho más social. Por algo es tendencia y frecuentemente la eligen los políticos para salir del paso; digamos que goza de mayor prestigio. Siempre se recuerda que Richard Nixon, aquel presidente de Estados Unidos tramposo y falaz, tuvo que renunciar a su cargo no simplemente por haber ordenado espiar a sus adversarios políticos sino por mentir una y otra vez, y encubrir a los responsables del robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate, mientras afloraban las actividades ilegales de su entorno de la Casa Blanca. Los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein ya habían iniciado la investigación hace ahora medio siglo para "The Washington Post". Ellos y el resto de los medios que se unieron para dar cobertura informativa fueron los que acorralaron a Nixon. Cuando dimitió no fue solo por haber mentido reiteradamente, lo hizo al ser pillado en todas sus mentiras.

Desde entonces el compromiso con la verdad de los dirigentes políticos no es que haya mejorado sustancialmente, sigue siendo una oportunidad esquiva. Puede que el criterio en la opinión pública sobre el deber de la verdad se muestre dubitativo o tambaleante. Pero lo que sí ha disminuido considerablemente es el poder de los medios de comunicación para desenmascarar con eficacia, algo que debilita enormemente a una democracia hundida en el fango de las redes sociales y peligrosamente obnubilada, en la que los partidarios de unos y otros miden su capacidad de denigrarse sin que les importe verdaderamente qué líderes mienten o quienes actúan honradamente.

Tenemos ejemplos claros. Pedro Sánchez, sin ir más lejos, ha faltado a su palabra desde el primer día. Boris Johnson, en el Reino Unido, está de mudanza por acumulación de patrañas y escándalos. Ni uno ni otro, por razones que desconozco, parecen saber distinguir entre verdad y mentira.

Compartir el artículo

stats