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La magna obra de José Luis Pérez de Castro

A propósito del impagable legado del fallecido exdirector del RIDEA, uno de los grandes asturianistas

Se ha ido uno de mis grandes amigos, un gran maestro y el mejor asturianista que he conocido. Aunque de generaciones distintas sentí por José Luis Pérez de Castro una afinidad y una simpatía excepcionales cuando, siendo yo veinteañero, nos encontramos por primera vez. Pronto esos sentimientos se convirtieron en una profunda amistad que ha durado hasta el mismo momento de su muerte. Hoy, con inmensa pena, quiero tener un recuerdo emocionado de un hombre generoso, culto, apasionado por Asturias, que deja tras de sí una magna obra que le coloca en un lugar de honor entre los grandes asturianistas de todos los tiempos.

Nacido en Figueras de Castropol en 1931, de ilustre ascendencia astur-galaica, llevó a cabo con brillantez sus estudios de bachillerato y, posteriormente, de Derecho en la Universidad de Oviedo. En esa época, entre la adolescencia y la juventud, tuvo una estrecha relación con Maximiliano Arboleya, que tanto influyó en su formación. José Luis manifestó desde muy pronto sus dotes para la investigación y la escritura, y su facilidad para colaborar con entusiasmo en la prensa, algo que explica su obtención en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid del título de periodista después de cursar la carrera entre 1955 y 1958. Su curiosidad y deseo de saber le llevaron a ser asiduo visitante de bibliotecas y archivos, tanto en España como en Portugal o Uruguay, donde conoció a quien sería su querida esposa Elsa Pérez San Martín, mujer de gran sensibilidad intelectual y de marcada vocación musical. Allí nació su hija Ramona y allí vivió tres años intensos de su densa biografía.

Su vuelta de Uruguay a España tuvo lugar en 1961 y entonces tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Renunció a su puesto en el Banco Exterior de España y decidió que el sitio ideal para desarrollar su vida familiar, profesional e investigadora era su Figueras natal. Nunca se arrepintió de haber tomado esa opción. Todo lo contrario. En Figueras fue inmensamente feliz.

Desde su más temprana juventud comenzó a publicar libros y artículos, tanto en revistas especializadas como en la prensa, participó en numerosos congresos de las más diversas materias, aunque siempre sintió predilección por los temas etnográficos, jurídicos e históricos, impartió conferencias y desarrolló una intensa y variada actividad intelectual. Su carácter abierto y deseoso siempre de aprender encontró un acomodo perfecto en las numerosas tertulias en las que participó, tanto en Oviedo como en Madrid y en otros lugares, donde conoció, trató y trabó amistad con algunas de las más importantes figuras de la sociedad asturiana y española del siglo XX.

Su intensa actividad intelectual y su prestigio como escritor le llevaron a ser miembro de numerosas academias científicas en los más diversos puntos de la geografía asturiana, española, portuguesa o mexicana.

La labor desarrollada por él en Asturias fue inconmensurable. Excelente abogado, desarrolló su profesión en Asturias y Galicia con rigor y acierto máximos, incorporándose a los colegios de abogados de Oviedo, en 1962, Lugo en 1973 y La Coruña en 1976. Fue, asimismo, uno de los fundadores de la Real Academia Asturiana de Jurisprudencia que presidió con brillantez entre 1985 y 2010.

Pero sin duda fue el Instituto de Estudios Asturianos, IDEA, hoy RIDEA, el centro en el que desarrolló su mayor actividad y trabajo en pro de Asturias y su cultura. Se vinculó al mismo como colaborador en 1953, fue nombrado miembro correspondiente en 1954 y elegido miembro de número en 1969. Presidió la Comisión de Historia entre 1986 y 1990, fue subdirector de 1990 a1996, y director entre esta última fecha y 2008. Su labor en la institución puede considerarse excepcional, y muchas de sus iniciativas siguen en pleno vigor en la actualidad. En el Boletín del Instituto, hoy denominado Boletín de Humanidades y Ciencias Sociales, es el autor que ha publicado, hasta la fecha, más artículos. Para hacerse una idea de su ingente producción científica, hasta el año 2013 había publicado 12 libros o monografías, 328 participaciones en monografías y 437 artículos en periódicos y revistas. Asimismo, contaba en el citado año con 34 obras inéditas y 20 en preparación, alguna de las cuales fue publicada posteriormente, y en la edición de otras trabaja en la actualidad su hija Ramona.

En ese interés permanente por Asturias y su cultura debe enmarcarse su amor al coleccionismo de libros de temática regional, sin duda influido y aconsejado en los inicios de su andadura por Roque Pidal y Bernaldo de Qirós, gran amigo suyo y uno de los más destacados bibliófilos españoles del siglo XX.

No quisiera terminar estas líneas sin manifestar mi admiración, mi lealtad y mi enorme afecto por José Luis. Gracias a sus consejos, siempre magistrales, y a su orientación, soy miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos. Su inmensa cultura, su impagable labor en pro de Asturias, su gran sentido del humor, su proverbial generosidad y la lealtad a sus amigos hacen que todos cuantos le quisimos lloremos hoy su muerte. Desde aquí, recogiendo también el sentimiento de numerosos amigos, quiero mostrar mi cariño a su familia y en especial a su hija Mimo.

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