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Mar Norlander

Crítica / Música

Mar Norlander

Con Robe hay esperanza para el rock

Arranca la tercera edición del "Gijón Life" con la gira "Ahora es cuando" de Robe Iniesta, uno de los artistas más personales e inigualables del rock español. El ex líder de "Extremoduro" apareció en el escenario rodeado de una pedazo de banda que es para quitarse el sombrero y nos deleitó con un concierto largo que osciló entre la magia y la nostalgia de las grandes épocas del rock. Ni siquiera nos importó que empezara media hora más tarde ni que se tomase un largo descanso a mitad del show.

En la primera parte escuchamos temas clásicos de "Extremoduro" y algo de sus dos álbumes en solitario, comenzando con "Del tiempo perdido", en el que pudimos apreciar su timbre de voz horrible y gastado, a medio camino entre Sabina y Coque Malla y cuando se ponía cañero parecía el mismo Luis Zahera llamando a "Malamadre" en "Celda 211". Peccata minuta, porque Robe no está donde está por sus cualidades vocales y, además, para compensar estas carencias estaba Lorenzo González en los coros. Brutal en todas sus intervenciones destacando en "Un suspiro acompasado", así como en el apabullante final de "La canción más triste". Y después de "El tango suicida", una de las canciones más singulares de "Extremoduro" cerró la primera parte con la "Dulce introducción al caos", pieza del álbum conceptual "La ley innata" en la que la "Flying V" del guitarrista Woody Amores volaba vertiginosamente hasta el destroyer final.

En la segunda parte escuchamos "Mayéutica" el último álbum conceptual recién publicado que ya ha calado entre los fans y representa toda una sinfonía hábil en ideas, matices y derroche de sonoridades. Ya desde su "Interludio" se desató la locura entre el público coreando a grito de "bailar como una puta loca", con un gran solo de Hammond de Álvaro Rodríguez. ¡Qué gran músico!

Y después de la "Coda Feliz" dejó para los bises los grandes éxitos: "Jesucristo García", "Puta" y "Ama, ama y ensancha el alma", culminando así un show que es para vivirlo, porque no hay suficiente espacio en este periódico para expresar la sensación con la que se fue el público del recinto. Y es que Robe es uno de los grandes con mayúsculas, sus canciones tienen tanto trasfondo, hay música, hay filosofía y están tan bien construidas que nos devuelve la esperanza a los amantes del rock.

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