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Francisco García

Cueva, la playa gozosa

Desembocadura del río Esva en la playa de Cueva (Valdés). LNE

No aparecerá nunca en el catálogo de las playas más laureadas de Asturias, ni falta que les hace a los lugareños que disfrutan de la particular joya que la naturaleza ha cincelado con maestría de orfebre junto a la desembocadura del río Esva, que allí llaman Canero. La playa de Cueva, en el concejo de Valdés, una espectacular concha acantilada de cantos rodados y arena tostada, no es de la más conocidas ni de las más transitadas, pero alberga muchos de los valores que atesora en secreto el singular paisaje protegido de la costa occidental que ilumina el cabo Busto con su perenne oficio de farero.

Misteriosas oquedades excavadas por el oleaje afloran en marea baja junto a la laguna en la que el Esva entrega sus aguas dulces al mar, cuevas donde los niños juegan a piratas y recogen tesoros inéditos que en la fantasía infantil han ido depositando las mareas. El primer domingo de septiembre, si la autoridad competente (o incompetente, según se mire) lo autoriza, volverá a celebrarse en Cueva la tradicional suelta del pato, en versión liviana, según el relato de los organizadores, empeñados en mantener vivo un rito folclórico que algunos pretenden desterrar con la excusa de un supuesto maltrato animal que hoy no tendría cabida. Esa fiesta es un símbolo, no un ataque; una celebración gozosa, no una agresión. Habrá pato, gaiteros y juegos infantiles; y un sentido homenaje a Iván Álvarez, miembro de la comisión de festejos recientemente fallecido, a temprana edad.

Reúne pedigrí esta playa de Cueva que tiene por vigía al imponente viaducto de Canero, cíclope de hormigón que sujeta sobre sus hombros el paso de la autovía del Cantábrico. Esta curiosa concha del litoral valdesano dispone además de un chiringuito muy apañado donde se come de cine. Todo muy rico y muy abundante, como solía decir de un ágape rotundo el añorado periodista Julio Puente, quien a la vuelta del verano te alababa el bronceado con idéntica frase lapidaria: “Traes moreno de playa cara”, decía. Moreno sí; pero de Cueva, no de Marbella, maestro.

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