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Francisco García

Por los siglos de las siglas

Cuando muchos pensaban que el declive de los partidos tradicionales se iba a convertir en una sima insalvable, ahí tienen, vivitos y coleando, a los dos que han conducido la mayor parte del tránsito de este país desde la dictadura hasta el primer tercio del siglo XXI. PSOE y PP siguen disputándose, en alternancia, solos o en compañía de otros, la hegemonía política del país. Por mucho que se hayan separado de su electorado y abriguen graves dificultades para atraer nuevos militantes; que las sedes acumulen facturas y polvo y mengüe la identificación partidista del electorado; por más que aumente la volatilidad electoral y les crezca la abstención, socialistas y populares siguen repartiéndose los trozos más sabrosos del pastel, aunque con más frecuencia de lo que quisieran hayan de compartir bocado con comensales mejor o peor avenidos a su conveniencia.

Al PSOE le salió con Podemos un divieso en las posaderas, un grano molesto jaleado desde la derecha en el convencimiento de que la irrupción de un movimiento de izquierdas surgido del clamor de la calle iba a dinamitar los cimientos del edificio estable del puño y la rosa, o al menos le obligaría a radicalizarse y a descentrarse. El PP todavía se frotaba las manos cuando vio que le subía a las barbas la parte más extrema de su derecha y parecía que Vox iba a restarle votos necesarios o a convertirse, cuando menos, en incómodo compañero de viaje. Pero ya ven: Podemos es hoy un mero apéndice de los intereses socialistas, en caída libre; y los de Abascal se la han pegado en Andalucía cuando felices se las prometían. La Olona andaluza quedó en ligera marejadilla.

Ocurre que los ciudadanos huyen de los extremismos. Lo que la calle quiere es paz, trabajo, salud y bienestar. Y que la clase dirigente, lejos de radicalizarse, se centre. El descrédito creciente de la clase política no va a encontrar freno, pero la gente prefiere lo malo conocido a la peor por conocer; el buqué de un vino viejo a la efervescencia de los modernos refrescos en lata. Así que abandonen la creencia de que PSOE y PP tienen los días contados. A esas siglas les quedan siglos.

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