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Pilar Garcés

Enséñame tu termostato

Le vamos a ganar la guerra a Putin con un ejército de señores sin corbata. Lo ha propuesto Pedro Sánchez colocándose como un valiente el primero en la línea del fuego que cae del cielo. Mi héroe. Hay que haber practicado mucho delante del espejo el movimiento de arrancarse el traje de chaqueta al estilo Full Monty, para quedarse en las mallas de Superman. El presidente ruso con el torso desnudo trotando a caballo por la helada estepa lleva ventaja a la Europa descorbatada, con la camisa abierta hasta el ombligo como le gustaba enseñar a Emmanuel Macron en campaña electoral, o en camiseta estilo Zelenski. La perentoria necesidad de reducir nuestro consumo energético antes de que el enemigo nos corte el flujo (no olvidar tampoco el cambio climático) la ha encarnado el Gobierno de izquierdas en el adorno de cuello típicamente masculino heteropatriarcal primermundista y no ha reaccionado el ministerio de Igualdad, ocupado en fabricar cuerpos femeninos que se adapten a sus dogmas. Si los señoros arriman el hombro retirándose la soga del cuello, ¿qué podemos hacer nosotras por la causa? Nos quitaríamos la faja, pero ya no usamos. Los tops y las faldas ya no pueden llevar menos tela, pero la temperatura no baja. Tal vez debamos presentarnos en los consejos de ministras, de administración y demás reuniones al más alto nivel con nuestros botijos, los ventiladores a pilas y abanicos para dar apoyo moral a los intrépidos desanudados.

No hay que quitarse la corbata a lo loco, sino con criterio. Sánchez se la puso para ver al Rey en su despacho estival y se la quitó para reunirse con la presidenta de Balears. Ambos encuentros celebrados en frescas estancias eran perfectamente prescindibles y dejaron una huella de carbono interesante de aviones, coches oficiales y comida con estrella Michelin en un Palacio blindado por no poco personal. Se podrían haber sustanciado con un telefonazo o por mail, máxime cuando el plan de medidas de ahorro energético aprobado el lunes por el Ejecutivo recomienda el teletrabajo. Pero la visita del presidente socialista a Mallorca valió la pena porque incluyó una comparecencia ante la prensa al aire libre en el ambiente de sofoquina extrema que llevamos semanas sufriendo. Un infierno en Mallorca. No es lo mismo explicar lo de la refrigeración a 27 grados en Palma que en Bilbao. También en el ámbito de la climatización nuestra piel de toro es plural y las restricciones no afectarán por igual a todos sus ciudadanos. Seguro que agradeció haberse quitado la corbata para detallar lo de los edificios públicos que van a controlar sus termostatos con semejante bochorno.

Porque quienes no estamos durmiendo estos días precisamente bien por las noches tórridas y/o tropicales nos ponemos susceptibles y nos tememos que tendremos que entrar en combustión en las bibliotecas públicas, en los comedores escolares, o en las dependencias del paro, mientras que las oficinas de los subsecretarios, los directores generales y sus asesores seguirán estando gélidas. Dijo la ministra Nadia Calviño que se realizarán inspecciones para comprobar que los grandes almacenes, los bancos y las empresas privadas mantienen su climatización a raya. En lógica contrapartida y a beneficio de la transparencia, tendrían que dejarnos irrumpir en sus despachos por sorpresa termómetro en ristre. A ver cuántos altos cargos encontramos sin corbata y en bermudas, sudando en las húmedas trincheras.

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