Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jorge J. Fernández Sangrador

No sé rezar

La correspondencia entre la escritora Victoria Ocampo y el filósofo Jacques Maritain, y su búsqueda de la Verdad

«No sé rezar» es el título que María Laura Picón, junto con Juan Javier Negri, ha dado al libro en el que ha recopilado las cartas que la escritora argentina Victoria Ocampo y el filósofo francés Jacques Maritain (1882-1973) se enviaron entre 1936 y 1943.

El carteo comenzó a partir de la estancia del matrimonio Maritain-Oumançoff en Argentina, a donde viajaron, en 1936, para participar en el XIV Congreso de los PEN Clubs y en los Cursos de Cultura Católica.

Victoria Ocampo (1890-1979) nació en una familia acaudalada de aquel país. Es imposible reducir a cinco líneas su vida y su obra. Baste recordar aquí que fue la fundadora de la revista y editorial «Sur».

Siempre leí con interés todo lo relativo a Victoria y he visitado su tumba en el cementerio bonaerense de La Recoleta. De ahí el que, en cuanto vi que había sido publicado el libro, deseé hacerme con él, pues su correspondiente epistolar, Jacques Maritain, fue figura destacada de la intelectualidad católica del siglo XX. El Papa Pablo VI lo apreciaba muchísimo.

Para conseguir un ejemplar, trayéndolo de Buenos Aires a Oviedo, tuve que recurrir a unos amigos, a quienes les doy las gracias por haberme procurado ese compendio de cartas, que leí de un tirón.

Fue en una misiva a Maritain, enviada en septiembre de 1936, en donde Victoria escribió la confesión que da título a la obra: «Lo he escuchado ayer por primera vez. Si usted pudiera captar la atención de los católicos como ha logrado captar la mía, si puede hacerse oír entre ellos como lo ha hecho conmigo, nada me habría alejado de ellos. No sé rezar. Pero me gustaría que alguien rezara para que los católicos [tales como los que conozco] se conviertan a sus palabras, ya que las que están en el Evangelio les parecen ser [hoy por hoy] incomprensibles».

Victoria Ocampo había descubierto en Maritain al interlocutor con el que podía compartir las más profundas inquietudes de su alma. Jacques provenía de una familia protestante; Raïssa Oumançoff (1883-1960), su esposa, de una judía. Los dos, conversos al catolicismo, encontraron en el Evangelio, en el Credo, en el Magisterio doctrinal y moral de la Iglesia Católica, y en la «Summa» de santo Tomás de Aquino, la Verdad que, juntos, buscaban apasionadamente.

Eran tantas las personas, anhelantes de infinito, que acudían a las reuniones que se organizaban en su casa o a visitarlos, para conversar con ellos, que su vivienda en Meudon llegó a ser el más importante espacio de encuentro de personalidades en búsqueda de la verdad en la Europa del siglo XX: pintores, escritores, músicos y filósofos. La mayoría, famosos. Fueron muchos los que se convirtieron, gracias a aquellos coloquios con el matrimonio, a la fe católica.

La correspondencia entre Jacques Maritain y Victoria Ocampo es, además, una muestra de cómo esa irradiación de la Verdad, desde el pensamiento, la cultura, el arte y la palabra, brilló en América, de mano de Jacques y de Raïssa, con no menor resplandor que en Europa, logrando despabilar, con el rigor, la autenticidad, la seriedad, la coherencia y la afabilidad que distinguían a ambos, cuanto había de ansias de luz, de plenitud y de eternidad en los espíritus indómitos de allende el Atlántico, como el de Victoria Ocampo, y dirigirlos hacia Dios.

Compartir el artículo

stats