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Inmaculada González-Carbajal García

Crónica desde Kinshasa: el arte de escuchar

Las dificultades de encontrar a gente que ponga atención

Escuchar es poner la atención en lo que capta nuestro sistema auditivo. Quizás esto parezca simple, pero en nuestro mundo y en nuestro entorno, cada vez es más difícil encontrar a alguien que realmente escuche. ¿Cuáles son los elementos que fallan? La atención a lo que nos dicen, por supuesto, y, también, la intención de querer recibir su mensaje.

La atención falla porque tenemos mucho ruido en la cabeza. Habitualmente, estamos haciendo algo y pensando en otra cosa, y si se trata de tener que escuchar a alguien, peor todavía, porque nos resulta difícil sujetar la voluntad para atender y captar la información. También falla la intención, que implica la consciencia de querer mantener la atención y darle al otro el espacio y la importancia en nuestro interior para acoger su forma de pensar, su conocimiento o lo que nos quiera decir con su mensaje.

Y ahora os preguntaréis: "¿Qué tiene que ver esto con Kinshasa?". Os lo cuento ahora.

Vine a Kinshasa por primera vez en septiembre del 2008. Entonces, quería conocer en directo el proyecto con los niños de la calle y hacer un reportaje fotográfico para mostrar a las personas de mi entorno esta realidad. A los pocos días de llegar, me invitaron a participar en la reunión de trabajo del equipo de educadores del centro Bana ya Poveda, un grupo de hombres y mujeres, con formaciones en áreas diversas, que confluyen para la atención global, tanto física como emocional, del niño que ha pasado por la experiencia del abandono y ha sobrevivido en las calles de esta gran ciudad. En aquella ocasión, asistí como "convidada de piedra" y me dediqué a escuchar lo que decían con mucha atención, para intentar captar la mayor información posible. Ya en ese primer momento pude observar que hablaban con calma, sin interrupciones, dándose unos a otros la palabra y, cuando comenzaban a hablar, siempre daban las gracias por la posibilidad de hablar: "Merci pour la parole", una forma bonita de agradecer la oportunidad de expresarse, porque, realmente, hablar siempre es una oportunidad.

En casi todos los viajes he asistido a las reuniones de trabajo de este equipo y siempre he reparado en esta forma de hablar y de escucharse unos a otros, con la misma calma, pidiendo la palabra, hablando cada uno el tiempo que necesita y escuchando todos, sin interrupción, hasta que termina de hablar el que tiene la palabra en cada momento.

En cierta ocasión, según veía cómo se desarrollaba la reunión, me vinieron a la cabeza esos debates en los que nadie escucha a nadie, porque quien habla sólo está pendiente de soltar sus argumentos. Con mucha frecuencia, los supuestos "debates" terminan siendo un cacareo de lemas, frases o consignas, que cada uno suelta cuando le parece, a veces solapándose unos a otros, porque nadie muestra interés en escuchar. Pero también estando aquí, me sorprendí a mí misma -y eso que mi trabajo se basa en la escucha sosegada y atenta- interrumpiendo alguna que otra vez cuando hablaba con alguno de estos educadores, y cuando así ocurrió, percibí un gesto de sorpresa en mi interlocutor; en otras ocasiones, me invitaron a que esperara hasta el final. Así que aprendí a observarme cuando hablo y a estar atenta a la necesidad de lanzarme a hablar antes de tiempo.

Muchas veces creemos que escuchamos, pero realmente estamos organizando las respuestas que vamos a dar en nuestra cabeza; nos adelantamos interpretando lo que el otro va a decir y, en muchas ocasiones, ni siquiera escuchamos, porque nuestra atención está en otra cosa muy alejada del tema que nos ocupa. Pero, sobre todo, algo en lo que he reparado es en esa escucha que implica un respeto al otro, en cierta medida, acogiéndolo en toda su extensión, más allá de disparidad de criterios, porque cuando ya tenemos las respuestas preparadas y nos movemos por códigos de pensamiento, no estamos en la actitud de aprender, de comprender y, mucho menos, de ampliar nuestra visión de la vida, que siempre es parcial y limitada.

Escuchar es un arte que requiere paciencia en el momento de la escucha, la atención necesaria para captar el mensaje y respeto hacia quien habla, más allá de estar de acuerdo o no con sus argumentos.

Quizás este grupo de educadores podría dedicarse a enseñar este arte de la escucha. En muchas ocasiones, con motivo de alguna reunión, he propuesto que se hiciera al modo que ellos lo hacen, y, desde luego, el resultado es muy distinto.

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