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Carmen Martínez Fortún

Extraña solidaridad

Las restricciones energéticas

Acaba el verano con un leve alivio en la inflación, que, aunque en dos dígitos, le ha servido de munición propagandística a la que un día pareciera ¡qué espejismo! creíble Calviño, que se ha traicionado a sí misma, sumándose a quien ignora el horror cotidiano de la cesta de la compra y apuntándose a un triunfalismo injustificado sobre la situación del país. De hacerles caso, a ella, a Ribera o a la portavoz, España está mejor situada energéticamente que otros países europeos y debe de ser por eso por lo que los anunciados sacrificios futuros se nos han adelantado aquí en forma de subida del aire acondicionado presente, haciéndonos penar por adelantado en solidaridad con los pobres sufrientes más enganchados al gas del infame Putin.

El caso es que, sin negar la importancia de la empatía y la ayuda mutua, resulta muy exigible una mayor coordinación en el reparto de los sacrificios. Pues es el caso que, en una reciente y feliz escapada a Dublín, una ha podido comprobar cómo los joviales irlandeses gozan de escaparates y luces a tutiplén y un aire acondicionado en los espacios comunes de 21 grados, que no necesitan en absoluto, porque la verdad es que hace un frío que pela. Sorprende que, cuando se alzaron las voces contra ese celérico decreto que nos convertía en sufridores sudadores en una abominable ola de calor, se acusara a los que nos quejábamos con toda razón, de insolidarios, negacionistas del cambio climático y otros horrores, que hasta amigos de Putin nos llamaron, obligándonos a freírnos y poniendo a Europa como justificación. Sorprende también que no reivindique nuestro gobierno alguna compensación que llegue al pueblo, de verdad, y no como esos fondos europeos de tan difícil acceso que no llegan a las empresas pero que se vendieron como la panacea que acabaría con todas las penurias con gran boato y alharacas.

Llámenme insensata pero, visto lo visto, me parece tan absurdo restringir energía en España como lo sería someter a Irlanda a cortes de agua porque allí llueve cada día. Tal cual.

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