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Carmen Martínez Fortún

En campaña

El precalentamiento electoral de los líderes políticos

Dice cierta prensa que el PSOE está alarmado por los malos augurios electorales y que Sánchez prolongará su mandato sin convocar elecciones –nadie las convoca para perderlas– y así aprovechar la presidencia española de la UE, y sobre todo o además, ser nombrado presidente de la Internacional Socialista, cargo que ha perdido prestigio con el deterioro de la marca, pero que le permite consolidar un futurillo, que esa prensa enemiga augura oscuro.

Justo enfrente, medios y observadores que comulgan, no sé si con Sánchez pero sí con la izquierda, confían en la resiliencia del personaje, destacan lo bien que lo ha hecho, –como lo leen– en momentos tan atroces y publicitan la campaña venidera consistente en acercar al presidente, que, por sus obligaciones y perfil institucional, está ahora mismo algo alejado del pueblo.

Una opina que mucho se arriesga el mandatario, objeto en sus últimas salidas de gritos, pitidos y abucheos inmisericordes, y que tal vez esa estrategia arriesgada responde a la inseguridad que le provoca ese mencionado futuro incierto.

Paralelamente a la exposición pública del personaje, se ha abierto la veda para insultar, descalificar y caricaturizar a Feijóo. También para intentar dividir al PP, enfrentando al moderado líder con la extremista Ayuso, y es cierto que esta da juego con su frescura, su quehacer político sin complejos y sus declaraciones de principios sorprendentes. La última, sobre el derecho de las menores de 16 años a abortar sin consentimiento de los padres, disparate que le parece bien a la presidenta y mal a cualquier persona con sentido común, pues barbaridad grande es aquí y en Madagascar imponer como costumbre y derecho inalienable lo que debería ser solo excepcional.

El otoño amenaza caliente, con Yolanda y sus acólitos animando a la calle y sindicatos a manifestarse contra el gobierno del que forma parte. Muchas aberraciones veremos y oiremos. De momento ya ha empezado Montero, titulando a Feijóo de Mopongo. Y no porque venga de África sino por oponerse. ¿Un horror? Pues sí.

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