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Juan Tallón

Objetos varios

A propósito del anuncio de un mercadillo familiar a las afueras

Hace dos semanas empezó a circular un mensaje por algunos teléfonos de Orense. Se anunciaba un mercadillo familiar en una casa a las afueras. "Ponemos a la venta la herencia de nuestros padres y abuelos", decía. La herencia incluía "muebles rústicos, de jardín, cuberterías, cristalerías, vajillas, ropa de casa, aperos de labranza y objetos varios". Al instante me despertaron curiosidad los "objetos varios". A veces trastos inservibles y maravillas inesperadas conviven en armonía. Años atrás una amiga me sopló que un "Todo a cien" vendía la biblioteca de un vecino fallecido años atrás, cuyos herederos necesitaban espacio, y allí encontré, mezclados con títulos triviales, los primeros números de la colección amarilla de Anagrama.

Escribí a la misma amiga, al corriente del mercadillo, y me contó que la familia había levantado un imperio con los abrigos de piel. Le expresé mis sospechas y las confirmó: "Sí. Están completamente arruinados". La ruina es siempre un doloroso y terrible espectáculo, ante el que resulta casi imposible no querer asomarse, a ver qué quedó del poderío. "Hay que ir ya", le trasladé a mi mujer. Casi soné como aquel pastor de Vilardevós que un día a lo lejos vio caer a un desconocido en una moto, y le dijo a su amigo: "Vamos, que hay que cachearlo". Por suerte, el anuncio era casi divertido. "Mercadillo variado en un lugar agradable en el que pasar un buen rato. Igualito que en las películas americanas cuando se mudan de casa".

Empezamos perdiéndonos al salir de nuestra propia ciudad. Casi fue lo mejor del día. No encontramos nada interesante. Ni siquiera una Biblia de diez kilos que costaba cincuenta euros. Nos dio vergüenza irnos con las manos vacías, y nos llevamos un jarrón. Yo tuve entre las manos un mazo de madera enorme. Pero no encontré el argumento para llevarlo. Ya estoy arrepentido. En unos días doy una fiesta en casa y al verlo seguramente los invitados preguntarían "¿Y esta mierda para qué es?", y yo me encogería de hombros, y quizás respondería que para romper cabezas y objetos varios.

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