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Tino Pertierra

Solo será un minuto

Tino Pertierra

El planeta de los nimios

Las pequeñas pantallas se agigantan cuando se trata de alimentarlas con la casquería del supermercado de la fama. De la fama que carda la nada, quiero decir. Hace ya (demasiado) tiempo las portadas de las revistas del corazón estaban ocupadas por gente con un trabajo que podía gustar más o menos, pero digno de tal nombre. Estrellas o estrellitas del mundo del espectáculo que mantenían con cierta dignidad unas líneas rojas a la hora de exponer su vida privada. Informaciones amables como demandaba el público, más enganchado al glamour y las peripecias sentimentales comedidas que a la exhibición impúdica, desvergonzada incluso, de asuntos que no deberían cruzar nunca el umbral de la dignidad. Todo eso se fue deteriorando cuando las televisiones empezaron a poblarse de seres de otros mundos cuya única razón para ser famosos era salir en la tele(i)rrealidad diciendo y haciendo tonterías teledirigidas, y a los que se sumó con el sorpasso del tiempo la parentela desalmada con ansias de rapiña para sacar provecho tendiendo trapos sucios verdaderos o inventados por astutas agencias de representación. Las exclusivas cambiaron el punto de mira para apuntar en la mayoría de los casos a personajes sin más oficio que obtener beneficio de las zoo-tertulias. A más gritos, más ceros contables. Y lo cutre habitó entre nosotros. A la fiesta se unió con ardor la avalancha de las redes (que arden cada dos por tres, como bien sabes) y el pozo negro creció hasta ser un agujero estelar donde manda el grito (mejor si es chillido), la exclusiva pactada, las polémicas banales y los altos índices de audiencia que bajan el pulgar del sentido común. A veces, uno de esos planetas de los nimios es retirado de la parrillada por haberse quemado antes de tiempo. Y que pase el siguiente: hay carnaza de sobra.

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