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Laviana

Más allá del Negrón

Juan Carlos Laviana

¿Qué le pasa a la izquierda?

La dificultad para encontrar candidatos revela falta de liderazgo

Pedro Sánchez. EFE

La izquierda nunca está conforme. Si gobierna porque gobierna. y, claro, eso desgasta. Si no, porque padece una división crónica. A la izquierda le cuesta mucho ponerse de acuerdo. está perpetuamente dividida. Siempre está discutiendo sobre la forma más idónea de llegar al poder o de mantenerse. Que si hay que mantenerse firme en los principios. Que si hay que adaptarse a los tiempos. Va a tener razón Orwell cuando escribió en 1943 el célebre artículo "¿Pueden los socialistas ser felices?".

La respuesta va a ser que no. La infelicidad está en sus genes. Ahora la izquierda está en el poder en España. Pero, siempre hay un pero, le resulta muy complicado convivir con sus socios de gobierno o de legislatura. ¿Cómo lidiar con semejantes compañeros de viaje? Unos que si son comunistas, admiradores de Cuba y Venezuela, nostálgicos de un sistema que se demostró fallido. Otros, que si son nacionalistas, insolidarios y codiciosos. Y los de más allá, que si son herederos de unos terroristas que aún mataban hace apenas diez años. Así no hay quien gobierne.

Parece que siempre les toca bailar con la más fea. González tuvo que sacar al país de un atraso crónico para acabar víctima de una corrupción generalizada en las instituciones. Zapatero se vio desbordado por la crisis económica de 2007. Y ahora a Sánchez le toca, además de unos socios poco colaboradores, una pandemia, una guerra en Europa y una crisis global que no le dejan más opción que gobernar a la defensiva, esquivando golpes a diestro y siniestro.

Por si fuera poco, el propio presidente denuncia que los poderes fácticos le boicotean. Que si la prensa está vendida al capital, que si las grandes fortunas le hacen la pascua, que si oposición no es leal. Todo son enemigos. Y desde su propio partido, parecen ponerle zancadillas. Cómo será de precaria su posición, que ha tenido que movilizarse él mismo para liderar una campaña electoral con ocho meses de antelación. O Sánchez o nada.

¿No hay nadie más en el partido socialista capaz de vender los logros del "Gobierno de la gente"? Los barones autonómicos, salvo Barbón, no quieren que les "contagie" con los problemas nacionales. García-Page o Fernández Vara parecen ir por libre, muy molestos por las malas influencias de los socios. El líder de Andalucía le ha dado un revés al presidente mostrándose contrario al indulto de Á. En el PSOE, no parece ni que Patxi López, ni María Jesús Montero, ni Pilar Alegría hayan contribuido a relanzar el partido como se pretendía.

Muestra de esa división es lo que bien bautizó el presidente asturiano como el "barullu". La pelea sobre si debían celebrarse primarias, o no, para elegir al candidato a la alcaldía de Gijón no ha sido muy edificante. Ha destapado una división soterrada, el partido está dividido entre sanchistas y antisanchistas.

Que el PSOE tiene un problema de liderazgo es indiscutible. No hay más que ver las dificultades que está encontrando para encontrar cabezas de lista a las principales alcaldías. En Madrid, no hay manera de encontrar un candidato. No ya para enfrentarse a Ayuso, sino a Almeida, que no es precisamente el colmo de la popularidad. Se habla de varios ministros –Reyes Maroto, Marlaska, Margarita Robles–, de algún intelectual de prestigio como el poeta Luis García Montero o de rescatar a Javier Solana (80 años) en busca de un viejo profesor.

La sombra de la caída en la irrelevancia de los socialistas en Francia –un 1,75 por ciento de los votos– planea sobre un partido en crisis. Lo demuestran los muchos miedos. El miedo a Feijóo, cuyo éxito está por ver. El miedo a que la propia vicepresidenta del Gobierno con su plataforma Sumar dinamite Podemos y, por tanto, acabe con el posible aliado a la izquierda. El miedo a que la irrelevancia reste un posible aliado en el centro. Demasiados miedos.

La derecha, en cambio, sólo tiene que sentarse a esperar. Sabe que en tiempos de crisis, como los que vienen, al ciudadano esas cuitas le traen sin cuidado. Bastante tiene con sobrevivir. Lo que sí le vendría muy bien es más gobierno y menos campaña electoral.

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